El llamamiento de los Setenta bajo el liderazgo de Jesucristo

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En los pasados artículos observamos el llamamiento que hizo Dios de un cuerpo de setenta líderes a través de Moisés para ayudarle en su ministerio profético en el desierto. Hoy revisaremos el llamamiento de otro cuerpo de setenta bajo el liderazgo del Señor mismo, como parte importante de la organización de su Iglesia.

Paralelismos

Una nota muy rápida antes de comenzar: el relato del llamamiento de los Setenta en el Nuevo Testamento tiene dos paralelismos que deberás reconocer para poder apreciarlo plenamente.

El primer paralelismo lo estudiamos ya en los primeros dos artículos de esta serie, donde vimos cómo es que Moisés, abrumado por el peso de sus responsabilidades acudió al Señor, quien le ayudó recomendándole que llamase a un cuerpo (o quórum) de Setenta que recibieran autoridad y los dones espirituales necesarios y así pudieran compartir con él la responsabilidad del ministerio profético.

Alimento para la memoria

Estudiar el segundo paralelismo, el del llamamiento de los Doce Apóstoles con el llamamiento de los Setenta, te será muy sencillo, pues sólo hay dos capítulos que recordar y los dos son de diez: Se trata del capítulo 10 del evangelio de Mateo y el capítulo 10 del evangelio de Lucas. Diez y Diez. ¿Ves?

Ahora verás cómo funcionan estos paralelismos.

Jesús reconoce la necesidad de delegar

Al igual que Moisés, Jesús se sintió abrumado por el peso de su responsabilidad. A poco de haber comenzado su ministerio en Galilea ya le seguían verdaderas multitudes, y tenía que viajar constantemente para poder atenderlas. Aunque rodeado de discípulos, estos le seguían, pero no compartían el peso de la responsabilidad, que era mucho para un hombre solo.

Mateo 9:35–38
35 Y recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban fatigadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, pero los obreros son pocos.

38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. (Nuevo Testamento | Mateo 9:35–38)

Esta es la manera como termina el capítulo 9 del evangelio de Mateo, con el planteamiento de una problemática.

El llamamiento de los Doce Apóstoles

El capítulo siguiente, el capítulo 10 del evangelio de Mateo, continúa con la misma secuencia, pero esta vez planteando la acción que Jesucristo realizó para solucionar el problema planteado al final del capítulo 9.

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Mateo 10:1
Entonces, llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera y sanasen toda enfermedad y toda dolencia. (Nuevo Testamento | Mateo 10:1)

Es la primera vez que vemos a Jesucristo compartiendo con otros de su propio poder. No sólo les dijo “Ven, sígueme”, sino que también les dio autoridad, para compartir con ellos la responsabilidad. A partir de entonces los Doce realizarían milagros al igual que Jesús y estarían autorizados para impartir sus enseñanzas.

Jesucristo ordeno a los doce apostoles por imposicion de manos
Jesucristo ordeno a los doce apostoles por imposicion de manos

Esto sería el principio de una organización entre los discípulos de Jesucristo. Es decir, el principio de la organización de la Iglesia de Jesucristo.

Ya has leído antes estos dos pasajes, en los cuales se muestra que la continuidad de los Doce Apóstoles es necesaria para el buen funcionamiento de la Iglesia, si es que ha de considerarse como la Iglesia de Cristo:

Efesios 4:11–12
11 Y él mismo constituyó a unos apóstoles; y a otros, profetas; y a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros;

12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

(Nuevo Testamento | Efesios 4:11–12)

Efesios 2:20–21
20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

(Nuevo Testamento | Efesios 2:20–21)

El llamamiento de los Setenta

Algún tiempo después de dejar constituido el grupo o Quórum de los Doce, no se nos especifica cuánto, el Señor llevó más adelante aún el desarrollo de la organización de su Iglesia, al extender nuevos llamamientos. La problemática que justificó estos nuevos cargos fue exactamente la misma que en el caso de los Doce. Fíjate en la expresión que el Señor utilizó como un argumento:

Lucas 10:1–2
Y después de estas cosas, el Señor designó a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de sí a toda ciudad y lugar a donde él había de ir.

2 Y les dijo: La mies a la verdad es mucha, pero los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. (Nuevo Testamento | Lucas 10:1–2)


Llama mucho la atención que les enviase “de dos en dos” y a manera de heraldos. Como lo había hecho antes Juan el Bautista, ellos preparaban al pueblo para la venida del Señor. Su papel era el de ser testigos especiales de Cristo y el de ser ministros viajantes. Adonde quiera que el Señor iba, ellos viajaban antes.

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La capacitación misional

Los primeros dieciséis versículos del evangelio de Lucas (Lucas 10:1–16) son el reporte de instrucciones que el Señor dio a los Setenta sobre la conducta que debían observar para realizar su ministerio. Son de enorme importancia para la obra misional y son muy parecidas a instrucciones semejantes que se pueden encontrar en el capítulo 10 de Mateo. Después de instruirlos así, el Señor les envió a cumplir una misión, mandándolos, como ya hemos dicho, de dos en dos, por las aldeas de Galilea. Al enviarlos así les compartió, como antes había hecho con los apóstoles, de su propio poder y autoridad.

Lucas 10:17–20
17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, ¡aun los demonios se nos sujetan en tu nombre!

18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.

19 He aquí os doy potestad para hollar serpientes y escorpiones, y vencer toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

20 No obstante, no os regocijéis de esto, de que los espíritus se os sujeten, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. (Nuevo Testamento | Lucas 10:17–20)


El precedente del convenio y juramento del sacerdocio

En ambos pasajes paralelos (Mateo 10 y Lucas 10) se hace mención de un elemento adicional de suma importancia, por las consecuencias que implica. Jesucristo indica que se espera de estos testigos una completa obediencia y absoluto valor, so pena de poner en riesgo la salvación y la vida eterna.

Mateo 10:32–33
32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos. (Nuevo Testamento | Mateo 10:32–33)

Este elemento es la indicación de una plena representatividad de aquellos llamados al ministerio. Quienes reciben el poder y autoridad del propio Jesucristo le representan, y a tal grado que recibir a estos testigos es como recibirle a él.

Lucas 10:16
16 El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió. (Nuevo Testamento | Lucas 10:16)

Mateo lo expresa con más sencillez, colocando incluso esta representatividad dentro de una secuencia.

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Mateo 10:40
40 El que os recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, recibe al que me envió.

(Nuevo Testamento | Mateo 10:40)

De acuerdo con estos versículos quien

La parte principal del convenio del sacerdocio es representar a Jesucristo
La parte principal del convenio del sacerdocio es representar a Jesucristo

Este es un importante precedente de lo que hoy conocemos como el convenio y juramento del sacerdocio, en el que el Señor ha restaurado la misma vital e importante secuencia de representatividad (DyC 84:35–39).

La necesidad de recibir a los profetas

Jesús previno que habría, ciertamente, falsos profetas que procurarían engañar a los discípulos. Pero también previno del riesgo enorme que implica rechazar a sus representantes verdaderos, así como de las recompensas de seguirles y aceptarles como sus representantes. Observemos los versículos siguientes:

Mateo 10:41–42
41 El que recibe a un profeta porque es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo porque es justo, recompensa de justo recibirá.

42 Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, porque es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. (Nuevo Testamento | Mateo 10:41–42)


Esta representatividad trae inmediatamente a la memoria la declaración que el Señor también ha hecho en tiempos más recientes (1838).

Doctrina y Convenios 1:38
38 Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo. (|Doctrina y Convenios 1:38)

Como veremos en el siguiente biblicomentario, el Señor ha llamado nuevamente a profetas, apóstoles y setentas, para enviarles como sus testigos para preparar el pueblo del Señor. Hoy en día existen representantes del Señor, investidos con su poder y autoridad para declarar el mensaje del evangelio a toda nación, a fin de preparar las condiciones para la Segunda Venida. Nos vemos en el próximo biblicomentario.

Forma T: Jesucristo llamó a un cuerpo de Setenta

Te comparto la forma T utilizada como base para este biblicomentario. Al final de la serie te compartiré una Forma T mucho más completa con las referencias de toda la serie.

ConceptoReferencia
Jesucristo llamó a un cuerpo de Setenta líderes
El Señor designó a otros setentaLucas 10:1
Instrucciones misionales a los setentaLucas 10:2–16
Jesucristo delega poder y autoridad sobre los setentaLucas 10:17–20
Antecedente al convenio y juramento del sacerdocioLucas 10:16;cf. Mateo 10:40

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