Las parábolas de Jesús y su valor como recurso didáctico

Las parábolas de Jesús son apreciadas en el mundo moderno como valiosas lecciones morales, como ilustraciones prácticas o por la belleza de su composición. Hoy compartiré con ustedes un criterio más por qué apreciarlas: por su valor como recurso didáctico útil para nosotros especialmente cuando intentamos explicar conceptos complejos.

El recurso de la apercepción

En su fabuloso libro “Enseñaos diligentemente”, el élder Boyd K. Packer enfatiza mucho un recurso didáctico usado ampliamente por Jesucristo y que se conoce en el mundo moderno como “apercepción”. En términos sencillos la apercepción no es otra cosa que ilustrar las cosas. Se parte de un concepto abstracto como la fe, y se trata de explicar a otra persona que no tiene idea de lo que es. El método uno, explicárselo directamente, es el más complicado, porque el concepto es abstracto y desconocido y es posible que se la pase uno más bien tropezándose con las palabras. El método dos, hablar con ilustraciones, tiene varias ventajas. No sólo te quita el nerviosismo, sino que establece un puente entre tí y tu alumno. Ahora hablan los dos de cosas concretas y conocidas.

Ejemplo:

Con el método uno, le pides a Juanita
  • Imagínate la fe.

Juanita te responde

  • No tengo la menor idea de cómo imaginar eso, porque no lo conozco.
Con el método dos, le pides a Juanita
  • Imagínate una semilla

Juanita te responde

  • Ah, sí, he visto semillas toda mi vida, y puedo imaginarme una.

Tú agregas

  • Bueno, pues la fe es como una semilla.

Y sigues el hilo de tu enseñanza en base a esa comparación.

Llevas, pues, lo desconocido al terreno de lo conocido. Le das forma y figura a un concepto abstracto. Y como bono, lo haces fácil de recordar, porque si tu alumno es agricultor, cada vez que vea una semilla se acordará de la fe. En adelante, de hecho, cuando quieras recordarle toda tu enseñanza sólo tienes que mostrarle una semilla.

Para obtener ese bono extra, tu símbolo tiene que ser sacado de la vida diaria, lo más próximo posible a la cotidianeidad de tu interlocutor. Si dices que la fe es como un monotrema lo más probable es que te conteste lo mismo que Juanita la primera vez: – No tengo la menor idea. Y perdiste el bono extra.


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La apercepción ejemplificada por Jesucristo

parábolas de jesúsSin duda, la apercepción es el recurso didáctico más evidente de Jesucristo. Es el qué más se recuerda. No todas las personas recuerdan qué es la regla de oro (o su circunscripción, el Sermón del Monte), pero casi todo mundo identifica la parábola del sembrador. Ese uso de figuras por parte de Jesucristo ha garantizado la transmisión de sus enseñanzas a través de los siglos, ¡aún cuando muchas de ellas se enseñasen exclusivamente en latín!

Jesús sin duda sabía el impacto de este recurso, y se nota en su manera natural de hablar. Mientras hablaba, hacía pausas, como nosotros, hilvanando las cosas en el aire, y en esas pausas decía: ¿a qué compararé este principio? Buscaba en su mente una forma de expresar un concepto nuevo y abstracto a partir de algo concreto y conocido. Pensaba, ¿a quién le estoy hablando? ¿Con qué interactúa en su vida diaria? Como ejemplo, observa las siguientes preguntas (dirigidas a sí mismo):

Lucas 13:18–21
18  Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé?

19  Es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció y se hizo árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.

20  Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?

21  Es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.

(Nuevo Testamento | Lucas 13:18–21)

Los versículos 18 y 20 no son preguntas dirigidas de Jesús hacia su público. Son notas mentales: Jesús está pensando en voz alta, y nos revela su reflexión interna. Es una brillante oportunidad para aprender a pensar como Jesús.


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Las parábolas de Jesús como recurso emergente

 Jesús usó siempre ilustraciones en su enseñanza. Pero el caso particular de las parábolas de Jesús es curioso. Estas no abundan al principio de su enseñanza, sino que comienza a usarlas como recurso emergente cuando los principales líderes religiosos le rechazan. Después de una terrible confrontación, Jesús se vio en la necesidad de dejar de enseñar o de presentar sus enseñanzas de forma tal que no hubiera de qué acusarle, para no provocar un juicio y una muerte prematuros. Él entonces encubre su enseñanza en un recurso ingenioso, utilizando figuras conocidas a sus interlocutores, haciendo fácil la conclusión para los más identificados con su manera de pensar, pero difícil para quienes tuvieran el corazón cerrado a sus enseñanzas.

Mateo 13:9–13
9  El que tiene oídos para oír, oiga.

10  Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

11  Y él, respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es concedido saber los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no les es concedido.

12  Porque a cualquiera que tiene, se le dará y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

13  Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.(Nuevo Testamento | Mateo 13:9–13)

Sólo los de corazón fértil podían recibir el mensaje  encubierto en las parábolas de Jesús. Llevando esto a un entorno moderno, el uso de símbolos y similitudes en nuestro ejercicio como maestros puede facilitar una enseñanza por niveles: los novatos extraerán de nuestra ilustración principios básicos, los viejitos extraerán nuevas cosas y principios avanzados. Y lo que sí se podrá garantizar es que ¡todos extraerán alguna enseñanza!

Pero yendo un poco más lejos, si resulta que nuestra ilustración es cotidiana y fácil de recordar (como comparar la fe a una semilla), si por ventura el alumno reflexiona nuevamente en nuestra ilustración, él sólo irá descubriendo capa por capa, desafíandose a sí mismo hasta alcanzar el siguiente nivel de aprendizaje. ¡El aprendizaje autodidáctico (el alumno que se enseña a sí mismo), el sueño de todo verdadero maestro!

Sin duda conviene escoger bien nuestros símbolos y hacerlos memorables. Con toda razón, Jesús, como maestro, se desafiaba constantemente a sí mismo, preguntándose, ¿con qué lo compararé?

Siguiendo el ejemplo de las parábolas de Jesús, ¿con qué compararás el principio de tu próxima enseñanza?

Cita citable: No sólo importa lo que Jesús enseñó, sino también cómo lo hizo.

“Mentalmente podemos ir hacia atrás hasta aquel día cuando ministró entre los hombres. Podemos prestar atención a lo que está enseñando. También sería oportuno que observáramos detenidamente cómo lo hace, para que cuando nos llegue el mandato de apacentar Sus ovejas. podamos hacerla de la misma forma en que El lo hizo”. (Boyd K. Packer, Enseñad diligentemente, 1985).