El discurso de Elihú es algo diferente al de sus compañeros, pero adolece de la misma percepción inicial equivocada. Elihú atribuye al propio Job la causa de sus males e interpreta la justificación de Job como necedad.

Job habla sin conocimiento, y sus palabras no son con entendimiento. Deseo yo que Job sea probado ampliamente, a causa de sus respuestas semejantes a las de los hombres inicuos. Porque a su pecado añadió rebeldía” (Antiguo Testamento, Job 34:35–37 • AT, p. 874).

Elihú parece considerar la justificación de Job como jactancia, fruto de la vanidad y no de la integridad.

“Ciertamente Dios no oirá la vanidad, ni la mirará el Omnipotente. “ (Antiguo Testamento, Job 35:13 • AT, p. 875)