“[El Día de la Expiación]… el sumo sacerdote de Israel… [entraba] en el Lugar Santísimo en la casa del Señor… y allí hacía expiación por los pecados del pueblo… Se mataban los animales destinados al sacrificio y la sangre de éstos se derramaba sobre el propiciatorio y delante del altar; se quemaba incienso y se llevaban a la práctica todas las semejanzas y el simbolismo de las ordenanzas del rescate… se escogía a dos machos cabríos, se echaban suertes y el nombre de Jehová era puesto sobre uno de ellos; el otro recibía el nombre de… macho cabrío de la liberación. El que era del Señor era sacrificado tal como lo sería el Gran Jehová a su debido tiempo, pero sobre el otro se descargaban todos los pecados del pueblo, carga que este macho cabrío llevaba al desierto cuando se le dejaba en libertad. El sumo sacerdote, tal como lo requería la ley, ponía las ‘manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo’ y confesaba ‘sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío’ [……………Levítico 16:21]. Así el animal llevaba sobre sí los pecados del pueblo ‘a la tierra inhabitada’ [Levítico 16:22], tal como el Mesías prometido llevaría sobre sí los pecados de muchos”.

Bibliografía

•    “The Promised Messiah”, por Bruce R. McConkie,

Originally posted 2018-03-04 04:44:00.