“Por lo general, lo primero que acude a la mente de las personas cuando oyen hablar de la “ley de Moisés” es el sacrificio de animales. La naturaleza un tanto horripilante del sacrificio de sangre ha llevado a algunos a preguntar: “¿Cómo puede semejante actividad tener algo que ver con el Evangelio de amor?”. Podemos comprender mejor la respuesta a esta pregunta cuando entendemos los dos propósitos principales de la ley de sacrificio, los cuales se aplicaron a Adán, a Abraham, a Moisés y a los apóstoles del Nuevo Testamento, y se aplican a nosotros hoy día cuando aceptamos y vivimos la ley de sacrificio. Sus dos propósitos principales son probarnos, demostrando así nuestra valía, y ayudarnos a venir a Cristo.

“…he decretado en mi corazón probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos.

“Porque si no permanecéis en mi convenio, no sois dignos de mí” (D. y C. 98:14–15; cursiva agregada).”

Bibliografía

  • Ballard, M. Russell: La ley de sacrificio. En: Liahona marzo de 2002, pág. 17.