El lenguaje corporal de la enseñanza

lenguaje corporalA veces, los versículos pequeños, aparentemente insignificantes, nos reservan significativas enseñanzas que confirman lo que hacemos hoy en día en la Iglesia restaurada de Jesucristo. Veamos un ejemplo, aparentemente trivial, pero con una interesante enseñanza aplicable a nuestras reuniones, al salón de clase y a la obra misional. Este no es, por supuesto, el único ejemplo del aspecto que hoy vamos a analizar, pero servirá para despertar nuestro interés a fin de que al leer las escrituras estemos atentos también a este tipo de ejemplos presentes en el lenguaje corporal de los profetas. El pasaje clave será Alma 34:1, pero proporcionaré un poquitín de contexto.

El contexto: la predicación de Alma y Amulek a los zoramitas

Ya sabes cómo fue. Apenas después de la confrontación con Korihor, el anticristo, otro asunto urgente reclamó la atención de Alma. Una gran población estaba apartándose de la verdad para abrazar una forma peculiar de idolatría muy basada en el orgullo y en un sentimiento de superioridad. Este segmento de la población había tomado sobre sí el nombre de zoramitas (porque su fundador se llamaba Zoram) y se olvidaban por completo de la ley de Moisés y de cualquier otra forma de regulación. En cambio, adquirieron una cultura de tinte fuertemente materialista.

Esta sensación de superioridad y su matiz materialista terminó por favorecer los intentos de Alma y Amulek por restablecerlos a la verdad, porque en su orgullo y ostentación se olvidaron de los pobres entre ellos, estigmatizándolos y persiguiéndolos (sí, les hicieron bullying), al grado de no dejarles entrar a los centros de adoración y apartarles de la adoración religiosa. No previeron entonces que los pobres tuvieran la capacidad de organizarse, porque estos se agruparon, nombrando incluso a un líder, que fue y le preguntó a Alma qué solución podía proponerle para el beneficio del grupo que representaba, a quienes llamó “mis hermanos”.

Un protocolo para la enseñanza

A partir de este planteamiento del líder de los zoramitas marginados podemos aprender mucho al examinar el lenguaje corporal con que Alma y Amulek, la pareja misional que predicaba en esta “área” (había otras tres parejas de esa misma “zona” asignadas a otras “áreas” en la región de los zoramitas). Veamos qué hace Alma cuando interrumpen de pronto su discurso con esta pregunta del líder de los marginados.

Alma 32:6–7
6 Y cuando Alma oyó esto, volvió su rostro directamente hacia él, y los observó con gran gozo; porque vio que sus aflicciones realmente los habían humillado, y que se hallaban preparados para oír la palabra. 7 Por tanto, no dijo más a la otra multitud; sino que extendió la mano y clamó a los que veía, aquellos que en verdad estaban arrepentidos, y les dijo: (Libro de Mormón | Alma 32:6–7)

De entrada, Alma realizó tres acciones:

  • Volvió su rostro hacia ellos y les observó. No se interrumpió de repente, sino que primero evaluó qué es lo que estaba sucediendo. Al mismo tiempo les hizo saber que estaba prestando atención, que había una actitud escucha. Por lo que dice el pasaje, esto era más que volver el rostro, porque estaba siendo completamente receptivo. Apenas volvió el rostro sintió el poder del Espíritu Santo, entonces volvió hacia ellos también su corazón.
  • No dijo más a la otra multitud. No se nos describe aquí la acción que realizó para interrumpir su discurso, porque sería dudoso que la multitud que ya le escuchaba se hubiese retirado, a menos que Alma les indicase que el discurso no era más para ellos. Como sea, la segunda acción es esta, que Alma interrumpe su discurso a quienes no le estaban prestando tanta atención a favor de quienes estaban más dispuestos. En la obra misional se nos dice que no intentemos convertir las piedras en pan, sino que vayamos por quienes están receptivos al evangelio.
  • Extendió la mano y clamó a los que veía. El gesto de extender la mano debe ser interpretado como una invitación. Si el grupo se hallaba lejos, a causa de la multitud que ya estaba presente, el discursante alzaría la mano y les invitaría a acercarse. Si estaba cerca, sería una clara señal de que la atención estaba siendo ahora para ellos. El gesto fue acompañado por la entonación de la voz.
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Una sesión de preguntas y respuestas

Apenas ayer estuve en una convención de trabajo como parte de la cual se desarrolló un panel. Al empezar la reunión todos contamos con un papelito blanco y una pluma por si deseábamos realizar preguntas. Durante un punto de la exposición, la coordinadora leyó los papelitos recibidos y los panelistas los fueron contestando. Esta es una práctica muy frecuente en reuniones de varios tipos.

Al comenzar el capítulo 33 de Alma es evidente que Alma ha hecho una pausa en su discurso, momento en el cual los asistentes aprovechan para hacerle preguntas. Fíjense:

Alma 33:1, énfasis agregado
Y después que Alma hubo hablado estas palabras, le mandaron preguntar si habían de creer en un Dios para obtener este fruto del cual había hablado, o cómo debían sembrar la semilla, o sea, la palabra a que se había referido, la cual él dijo que debía sembrarse en sus corazones, o de qué manera debían empezar a ejercitar su fe. (Libro de Mormón | Alma 33:1, énfasis agregado)

Este es el origen de una aclaración de Alma sobre el discurso presentado en el capítulo 32. Las preguntas le sirven a Alma para asegurar que los conceptos presentados han sido comprendidos. Como respuesta a las nuevas preguntas Alma complementa y amplía los conceptos ya presentados en su discurso anterior. Nuevamente se hace presente la presencia de un protocolo, de un código de comunicación existente que, de acuerdo a las costumbres vigentes, sirvió para fortalecer tanto la calidad de la enseñanza como para fortalecer la relación de confianza entre el exponente y sus escuchas.

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Más lenguaje corporal: Alternándose para la presentación de la enseñanza

Hasta este momento Alma se encuentra de pie, porque ya estaba enseñando, de pie, cuando el grupo de los marginados le abordó con sus preguntas. Ahora que termina la pequeña sesión de preguntas y respuestas, Alma hace un cambio interesante.

Alma 34:1
Y aconteció que después que Alma les hubo hablado estas palabras, se sentó en el suelo, y Amulek se levantó y empezó a instruirlos, diciendo: (Libro de Mormón | Alma 34:1)

Veamos con atención y curiosidad este pequeño movimiento. Alma se sienta en el suelo, su manera de indicar que ha terminado su discurso y de entregar la estafeta a su compañero de misión para que continué la enseñanza. Amulek, que obviamente estaba sentado, signo de que estaba presente pero sin participar activamente, actúa al momento en que se sienta su compañero para levantarse él mismo, indicando claramente que ha llegado su turno para tomar la palabra. La atención se vuelca automáticamente sobre su persona, de modo que no necesita hacer más que “empezar a instruirlos” y la continuidad de la enseñanza se da de forma perfectamente natural.

El lenguaje corporal como lo ejercemos ahora

Estos gestos, y otros que el Señor ha tenido la atención de dejar incorporados en las escrituras, han sido incluidos allí sin duda con un propósito: el de mostrarnos la importancia de las pequeñas acciones y del lenguaje corporal en la enseñanza. Nuestros gestos, nuestro tono de voz, nuestra postura, todo, es parte misma del mensaje y todas esas acciones de lenguaje corporal se suman al mismo y se convierten en facilitadores o en barreras para la enseñanza.

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Cuando estaba en la misión recuerdo que mi compañero y yo realizábamos pequeñas acciones que sin duda, a pesar de ser pequeñas, tenían gran poder durante la enseñanza. Solíamos mirar a la gente directamente al rostro, o bien a nuestro compañero en actitud atenta, mientras él hablaba y a ninguna otra cosa. Comprobamos que los investigadores seguían la dirección de nuestra mirada todo el tiempo. Si el gato pasaba y el misionero miraba hacia el gato, todo el grupo volteaba a mirar al gato (sí, era increíble), así que más valía que mirásemos a las escrituras, al compañero o a los propios miembros del grupo si no queríamos ser nosotros mismos los que dispersáramos la atención hacia el mensaje.

Igualmente, casi todos recordamos el movimiento “de pistón” que realizábamos sobre los asientos. El compañero que hablaba se colocaba al borde del asiento, inclinado levemente hacia adelante, mientras el compañero se mantenía un poco hacia atrás. Al pasar el turno (a veces sólo volteando o con un toque ligero de rodilla) el compañero tomaba “la delantera” mientras que el que antes estaba hablando pasaba a la posición “trasera”. Esto es el equivalente de lo descrito en Alma 34:1 : Alma se “retrasó” y permitió a Amulek “tomar la delantera”. Si hubiese reflectores Alma se habría salido de ellos, para enfocarlos sobre su compañero.

Afortunadamente, en nuestras reuniones no hay reflectores. Pero sí tenemos protocolos en la Iglesia que a veces no entendemos, pero somos bendecidos porque el Señor sí los entiende, y a medida que confiemos en él seremos capaces de manejar, voluntariamente o no, cantidad de “transmisores”  y “enfocadores de atención” que son parte también del mensaje. Cuando respetamos el protocolo (el maestro, de pie, que no voltea hacia la puerta cuando alguien entra, etc.) este nos ayudará a mejorar como maestros y líderes. Pero aún mejor, cuando fortalecemos previo a la enseñanza nuestro propio testimonio y cuando durante la enseñanza prestamos atención al poder del Espíritu Santo, este nos ayuda a transmitir la lección en todas las formas necesarias.

Prestar atención al protocolo debe significar el convertirlo en un medio, no en un fin en sí mismo, por lo cual esta atención nunca debe exagerarse (lo más importante es la persona y el mensaje del evangelio que transmitimos). Pero cuando prestamos dicha atención, nuestro lenguaje corporal reflejará naturalmente la inspiración que estamos recibiendo por el poder del Espíritu Santo, y esto reflejará nuestra voluntad para ponernos completamente a disposición del Espíritu y ser instrumentos en las manos de Dios, incluso en nuestro cuerpo, para la transmisión del mensaje de suprema importancia.