El uso de la camisa blanca en la Santa Cena y en los domingos

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El uso de la camisa blanca debe ser implementado con firmeza pero con sensibilidad.
El uso de la camisa blanca debe ser implementado con firmeza pero con sensibilidad.

Respuestas sobre el uso de la camisa blanca los domingos

Desde que me acuerdo, ha habido alguna discusión entre los miembros de la Iglesia sobre las normas de apariencia que deben observarse los días de reposo, particularmente sobre la forma de vestir de los jóvenes del Sacerdocio Aarónico al oficiar en la Santa Cena. En este artículo procuraré compartir material oficial que pueda servir de base para responder algunas preguntas frecuentes acerca del uso de la camisa blanca en la Santa Cena y en nuestras reuniones dominicales.

Por qué vestimos con camisa blanca y corbata los domingos

Primero que nada, nuestros vecinos agradecerán que les aclaremos por qué usamos camisa blanca y corbata los domingos. Cuando estaba en la misión solíamos responder esta pregunta enseñando a los investigadores que honramos al Señor con lo mejor que tengamos, sin ser, por supuesto, ostentosos. Esa respuesta estaba bien como punto de partida y dejaba algunas cosas en claro. Si lo mejor que tengo es una corbata viejita, esa usaré, y no me tengo que apenar por ello. No tengo que llevar un tuxedo, basta con lo mejor de mi corazón.

Pero eso es sólo parte de la respuesta. También es cierto que nos sentimos de acuerdo como vestimos. Cuando la gente viste de camisa blanca y corbata, de vestido y bonitos zapatos, tiende a tener una mejor percepción de sí misma. El vestir apropiadamente es reflejo de autoestima y de deseos de progresar y de cambiar. Es representativo de un convenio. Quienes visten apropiadamente tienden a actuar también apropiadamente. No es el único factor ni una garantía, pero sí una poderosa influencia que, combinada con otras, produce un resultado. Tal vez esta sea la razón por la que se nos aconseja no botar la camisa blanca y la corbata al llegar a nuestros hogares después de los servicios. No sólo vestimos para Dios y para otros. Vestimos también para nosotros mismos.

Por otro lado, nos guste o no, la mayoría de la gente siente más confianza hacia alguien que por lo menos se preocupa de vestir apropiadamente. El vestir con camisa blanca y corbata abre a los misioneros más puertas de los hogares que si vistieran en otra manera. Al principio los ven raro, y después se sienten muy a gusto.

La invitación de un apóstol a usar camisa blanca

En octubre de 1995, en un discurso llamado “Haced esto en memoria de mí”, el élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, compartió el consejo siguiente:

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“Permítanme sugerir que, siempre que sea posible, tanto los diáconos, como los maestros y presbíteros que administran la Santa Cena lleven camisa blanca. Para las sagradas ordenanzas de la Iglesia, con frecuencia utilizamos ropa ceremonial; por tanto, una camisa blanca se podría considerar un tierno recordatorio de la ropa blanca que utilizaron en la pila bautismal y un precedente de la camisa blanca que pronto se pondrán en el templo y en la misión”.

Aquí tenemos una declaración oficial en la que el élder Holland sugiere que, hasta donde sea posible, todos los jóvenes que participan en la Santa Cena, aún los maestros, lleven camisa blanca. El élder Holland aporta también la razón: es un recordatorio de la pureza que debe estar presente en la ordenanza y una preparación para la misión y para las ordenanzas del templo. La ropa blanca es, entonces, un recurso didáctico, algo que se debe procurar para enseñar a los jóvenes.

No obstante, debemos observar que el élder Holland extiende la invitación a título de sugerencia y no de mandamiento, y que se asegura de aclarar que debe ser procurado “siempre que sea posible”. El élder Holland previene a continuación contra la excesiva formalización al implementar esta sugerencia:

“No deseamos que esta simple sugerencia tenga un tono farisaico ni formalista; no queremos diáconos ni presbíteros uniformados que se preocupen excesivamente por ninguna otra cosa excepto su propia pureza”.

En otras palabras, para evitar ser ritualistas, la prioridad debe ser el joven mismo, no su vestimenta. Al ser enseñados sobre la camisa blanca el hincapié debe ser su dignidad, no su forma de vestir. La limpieza exterior debe ser representativa de la limpieza interna (que es el mismo principio que se aplica también a la ropa del templo).

El élder Holland concluye su mención de la ropa blanca mostrando que, a partir de esa limpieza interna, el vestir con ropa blanca podrá ser también un instrumento de enseñanza a los miembros que participan de la ordenanza:

“La forma en que la gente joven se vista puede enseñarnos un principio santo a todos y ciertamente dar a los demás una impresión de santidad. Como el presidente David O. McKay dijo una vez: “Una camisa blanca contribuye al carácter sagrado de la Santa Cena” (véase “Conference Report”, octubre de 1956, pág. 89)”

Mi conclusión personal

Mi conclusión, al leer las palabras del élder Holland es que el joven mismo es que

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  1. la camisa blanca no es una necesidad, sino una conveniencia y una herramienta didáctica y
  2. la prioridad es el joven mismo

Si el joven no crece en pureza y dignidad a través del uso de la camisa blanca, la herramienta no está cumpliendo el propósito para que fue diseñada. Pero como seres humanos es fácil redoblar el esfuerzo y olvidar el propósito, y esto nos puede afectar en nuestro ejercicio del liderazgo, tanto entre los miembros como entre los jóvenes.

¿Y qué es lo que dice el Manual de la Iglesia?

Para uniformar criterios, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha preparado un manual que contiene los puntos básicos de la normatividad de la Iglesia. En el punto 20.4 de este manual, correspondiente a las ordenanzas del sacerdocio, dice lo siguiente:

“Los que bendicen y reparten la Santa Cena deben vestir modestamente y estar limpios y aseados. La vestimenta y las alhajas no deben ser llamativas ni distraer a los miembros durante la Santa Cena. Se recomiendan camisa blanca y corbata, ya que contribuyen a la dignidad de la ordenanza. Sin embargo, no se deben considerar como un requisito obligatorio para que un poseedor del sacerdocio participe. Tampoco se requiere que todos sean iguales en vestimenta y apariencia. Los obispos deberán usar discreción al dar a los jóvenes este tipo de instrucción, teniendo en cuenta sus circunstancias económicas y su madurez en la Iglesia” – La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Manual de la Iglesia, tomo 2, 20.4.

Aplicaciones del consejo del élder Jeffrey R. Holland

Permítanme proponer algunos casos de estudio y a continuación aportar mis sugerencias.

  1. En una pequeña rama el sacerdocio aarónico ha sido organizado a partir de jóvenes nuevos conversos que visten de manera heterogénea (de todos los colores).
  2. José es el único presbítero digno del barrio y también el único miembro de la Iglesia en su familia. Este domingo asistieron 8 poseedores del sacerdocio mayor y José, que trae una camisa amarilla. Hace falta quién bendiga hoy los sacramentos. ¿Se le debe llamar?
  3. Raúl acaba de ser ordenado como maestro. Su criterio personal es que debe de vestir de colores alegres para compartir alegría entre los hermanos.
  4. A pesar de que se ha hablado varias veces con Javier sobre la camisa blanca, sigue vistiendo con su única camisa gris, por lo que no se le ha llamado a repartir los sacramentos.

Todos estos casos son representativos de instancias que podrían suceder en nuestro barrio. ¿Qué debemos hacer en estos casos? Considerando el consejo del élder Jeffrey R. Holland, así como la declaración del manual de la Iglesia, la primera cosa que deberíamos hacer, en lugar de restringir y criticar es averiguar y ser sensibles. ¿Qué hay detrás de cada uno de estos casos?

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En el primer caso, el de la rama, es obvio que el principio está siendo enseñado por primera vez, por lo que hay que enseñar y tener paciencia. Allí la responsabilidad es de nosotros, como líderes.

14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (Nuevo Testamento | Romanos 10:14)

El primer caso es fácil de entender, pero, ¿qué hacer en el segundo? Algunos líderes llamarían a puros élderes a la mesa sacramental, porque José trae esa terrible camisa amarilla, aunque sea amarillo claro. Sin embargo, José es digno, y ¡vaya que necesita participar! Es el único miembro de su familia. Es posible que su familia no le apoye en estos aspectos y que haya algún trabajo que hacer, pero hoy podría ser llamado a la mesa sacramental en tanto que resolvemos el problemita de la camisa blanca. ¿Tú qué sugieres?

A Raúl, por supuesto, se le puede enseñar a través de la cita del élder Holland, en que aporta las razones por las que el llevar camisa blanca es importante. En lugar de imponer, es conveniente explicarle a Raúl esas razones.

Es posible que Javier tenga un problema y este no se va a resolver con sólo hablar con él, hay que apoyarlo. No es que sea un rebelde que no quiere usar camisa blanca, es que sólo tiene esa camisa gris. Quizá su familia sea de escasos recursos. En ese caso, lo mejor es hablar con el obispo y regalarle, en privado, una camisa blanca para Javier, que él le pueda compartir igualmente en privado, sin hacerle saber su procedencia. En todo caso, es mejor ponerse a disposición del obispo que criticar a Javier y lastimar su fe.

Y así como estos casos, habrá muchos otros.

Conclusión

El uso de la camisa blanca es importante como herramienta didáctica para enseñar la pureza y dignidad, para recordar la naturaleza sagrada de las ordenanzas y para preparar a los miembros de la Iglesia y a los jóvenes para hacer convenios en el templo. Como herramienta didáctica, el uso de la camisa blanca debe considerarse como un medio, no como un fin en sí. Los miembros y líderes deben mostrarse sensibles hacia las circunstancias y necesidades particulares de los miembros nuevos y de los jóvenes, y colaborar con el sacrificio que sea necesario para mejorar estas circunstancias, como muestra de amor hacia los nuevos conversos y la juventud.

1 Comentario

  1. Me encanta su artículo. Una sugerencia que doy es que no se debe decir "primero que nada" se debe decir "primero que todo", ya que al utilizar el primero es porque no se va a decir nada.

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