Las tres características ejemplares de el bautismo de Jesús

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El bautismo de Jesús es el ejemplo de la forma correcta en que debe realizarse o recibirse un bautismo. Este ejemplo consta de tres características.

Pasaje base: Las tres características ejemplares de el bautismo de Jesús

Mateo 3:13–17
13 Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, a Juan, para ser bautizado por él.
14 Pero Juan se lo impedía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
15 Pero respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces se lo permitió.
16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió inmediatamente del agua; y he aquí, los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre él.
17 Y he aquí, una voz de los cielos que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco.
(Nuevo Testamento | Mateo 3:13–17)

El viaje de Jesús al Jordán

El viaje que realizó Jesús desde el norte de Israel hasta el sudeste ((El apóstol Juan indicó que Betábara es el lugar donde Juan el Bautista realizó el bautismo de Jesús (ver Juan 1:28). Este lugar se encontraba cercano a Jericó.)) fue largo, accidentado y tortuoso. Jesús no podría haber hecho un viaje tan largo sino con un objetivo definido y muy firme que explicara la firmeza de su determinación. Él no “se encontró” a Juan el Bautista, sino que definitivamente le buscó, y le costó un trabajo hacerlo.

Durante el trayecto atravesó varias corrientes de agua y debió encontrar a muchos líderes eclesiásticos de la época. De haberlo deseado, podría haberse bautizado por el camino y se habría ahorrado la larga travesía. Sin embargo, de entre todos los representantes posibles, Jesucristo reconoció únicamente la autoridad de Juan el Bautista. La diferencia es que las designaciones para los cargos en el liderazgo judío se habían claramente politizado, en tanto que Juan el Bautista había sido llamado directamente por Dios. Jesucristo reconoció esta pureza, y esta es la razón por la que el Salvador acude a Juan para ser bautizado. Para él, la cuestión de que quien le bautizara tuviese la autoridad correcta de Dios para hacerlo era sumamente importante.

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La autoridad de Juan el Bautista

Esta autoridad, que era tan importante para Jesucristo, provenía de dos hechos importantes. Primero, Juan provenía de una familia que tenía el sacerdocio de Dios, conocido en esos momentos como el sacerdocio de Aarón. Zacarías era, según Lucas nos informa, descendiente directo de Aarón y esto le daba acceso al sacerdocio (Lucas 1:5). Pero, más importante aún, Juan el Bautista había sido designado, aún antes de nacer, para realizar la obra de bautizar a Jesucristo. Además de tener la autoridad del sacerdocio para bautizar había sido llamado por Dios para hacerlo. Estas dos características, el poseer el sacerdocio de Aarón y el haber sido llamado directamente por Dios a través de revelación, constituían la autoridad de Juan el Bautista. Sin ellas el bautismo habría podido ciertamente realizarse, pero su validez no habría sido reconocida y aceptada por Dios.

Aún hoy en día, el que quiera recibir un bautismo correcto debe de buscar también las mismas características.

El cumplimiento de toda justicia

Si la autoridad de Juan el Bautista era importante, Juan el Bautista había enseñado que uno vendría tras él con una autoridad todavía mayor que la de él. Es por ello que, cuando vio a Jesucristo y le identificó, se sintió sumamente asombrado y humilde. Jesús le recordó que debían hacer lo correcto. Su amonestación debió recordar a Juan que, en realidad, para este acto había estado preparándose por toda su vida.

Un bautismo correcto sirve a dos propósitos. Primero, es para el perdón de los pecados (Marcos 1:4). Segundo, es un convenio de obediencia ante Dios. Es de observar que Jesucristo no tenía pecados y, por lo tanto, el primer propósito no era aplicable para él. Sin embargo, Jesucristo era humilde y sabía que él mismo no podría obtener la salvación y regresar a la presencia de Dios si no recibía un bautismo. En una ocasión posterior, él enseñó a Nicodemo que sin el bautismo no es posible ver el reino de Dios, y aún Jesucristo mismo estaba también sujeto a esta condición. Por tanto, él se bautizó para ser obediente y hacer un convenio ante Dios. Esto lo hizo por sí mismo y no permitió que nadie lo hiciera por él.

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Con ello, Jesucristo nos puso el ejemplo, también, de lo que se tenía que hacer. La conclusión lógica es que, si Jesucristo no tenía pecados pero reconoció la necesidad del bautismo, la necesidad de nosotros, que sí tenemos pecados, de recibir un bautismo correcto, es mucho, muchísimo mayor. Esta necesidad es proverbialmente expresada por el profeta Nefi:

2 Nefi 31:5
5 Ahora bien, si el Cordero de Dios, que es santo, tiene necesidad de ser bautizado en el agua para cumplir con toda justicia, ¡cuánto mayor es, entonces, la necesidad que tenemos nosotros, siendo pecadores, de ser bautizados, sí, en el agua (Libro de Mormón | 2 Nefi 31:5)

El principio del bautismo por inmersión

Un detalle que muchos pasan por alto al leer este relato está en el versículo 16: “Jesús, después que fue bautizado, subió inmediatamente del agua”. Otro de los pasajes de los evangelios que relatan el bautismo de Jesús también contiene una frase semejante (Marcos 1:10). La pregunta es, para “subir del agua” ¿dónde necesitaba estar Jesucristo primero? La respuesta sería: debajo del agua. Esta implicación, de que Jesucristo fue sumergido para ser bautizado, es reforzada por el significado original de la palabra bautismo. Bautismo proviene del griego baptizei, que significa literalmente “sumergir”. A este tipo de bautismo se le llama bautismo por inmersión.

Un bautismo como el de Jesucristo

Cuando fui a una misión de dos años, en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, me encantaba enseñar este pasaje de las escrituras (Mateo 3:13–17) porque es el que describe con más detalles el bautismo de Jesús. A través de su lectura es fácil observar que el bautismo de Jesús, que es el bautismo que él nos puso como ejemplo, tuvo tres características notables:

  1. El bautismo de Jesús fue realizado a una edad de responsabilidad. No se bautizó siendo un niño (Lucas 3:23). Esto es importante porque significa que el bautismo debe ser una decisión personal.
  2. El bautismo de Jesús fue realizado por inmersión. Es decir, Jesucristo fue sumergido en el agua para ser bautizado.
  3. El bautismo de Jesús fue realizado bajo la correcta autoridad. Jesús hizo un largo viaje para ser bautizado porque sólo Juan el Bautista tenía la autoridad correcta para bautizar.
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Cuando enseñábamos este pasaje solíamos preguntar a nuestros escuchas: ¿ha recibido usted un bautismo como el de Jesucristo? El bautismo, para ser correcto y reconocido por Dios, debe cumplir con todas estas características.

El testimonio del Padre sobre el bautismo de Jesús

Que Dios, nuestro Padre Celestial, se siente sumamente complacido cuando se realiza un bautismo en la manera correcta es demostrado por su sello personal de aprobación sobre el bautismo de Jesús. Debido a que todos somos hijos de Dios, cada persona que ha recibido un bautismo como el de Jesucristo, con las mismas características, puede hacer suyo el mensaje de aprobación que el Padre Celestial pronunció sobre el bautismo de Jesús, como si también fuera dirigido a él:

Mateo 3:17
17 Y he aquí, una voz de los cielos que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco. (Nuevo Testamento | Mateo 3:17)

Un mensaje final

En el Libro de Mormón, un profeta llamado Nefi nos comparte el siguiente mensaje, correspondiente a una visión. Espero que pueda servirte como tema de reflexión.

2 Nefi 31:11–12
11 Y el Padre dijo: Arrepentíos, arrepentíos y sed bautizados en el nombre de mi Amado Hijo.

12 Y además, vino a mí la voz del Hijo, diciendo: A quien se bautice en mi nombre, el Padre dará el Espíritu Santo, como a mí; por tanto, seguidme y haced las cosas que me habéis visto hacer.

(Libro de Mormón | 2 Nefi 31:11–12)

A ti, ¿qué te ha dado a reflexionar y aplicar este mensaje?

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