Quizás se pregunten: “¿Pero cómo comienza este proceso en una persona que no sabe nada de Dios y afirma no recordar ninguna experiencia espiritual?”. Todos han tenido experiencias espirituales que tal vez no hayan reconocido. Todos, al entrar en el mundo, reciben el Espíritu de Cristo. En el libro de Moroni se describe cómo funciona ese espíritu:

“Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios.

“Pero cualquier cosa que persuade a los hombres a hacer lo malo, y a no creer en Cristo, y a negarlo, y a no servir a Dios, entonces sabréis, con un conocimiento perfecto, que es del diablo; porque de este modo obra el diablo, porque él no persuade a ningún hombre a hacer lo bueno, no, ni a uno solo; ni lo hacen sus ángeles; ni los que a él se sujetan.

“Por tanto, os suplico, hermanos, que busquéis diligentemente en la luz de Cristo, para que podáis discernir el bien del mal; y si os aferráis a todo lo bueno, y no lo condenáis, ciertamente seréis hijos de Cristo”.

(2007, octubre, Henry B. Eyring, ‘¡Oh recordad, recordad!,’ Liahona, noviembre 2007 ¶ 27–30)