En esta Iglesia hay una gran cantidad de espacio —y de mandato en las Escrituras— para estudiar y aprender, para comparar y considerar, para deliberar y esperar más revelación. Todos aprendemos “línea por línea, precepto por precepto”, siendo la meta la fe religiosa auténtica que lleva a una vida cristiana genuina. En esto no hay lugar para la coacción ni la manipulación, no hay lugar para la intimidación ni la hipocresía. Pero ningún niño en esta Iglesia debe quedar con incertidumbre en cuanto a la devoción de sus padres al Señor Jesucristo, a la Restauración de Su Iglesia, y a la realidad de profetas y apóstoles vivientes quienes, tanto actualmente como en la antigüedad, dirigen la Iglesia de acuerdo a “la voluntad del Señor … la intención del Señor … la palabra del Señor … y el poder de Dios para salvación”. En estos asuntos básicos de fe, los profetas no se disculpan por pedir unidad, e incluso conformidad. De todos modos, tal como el élder Neal Maxwell me dijo enuna ocasión en una conversación en el pasillo: “No parece haber habido problemas con la conformidad el día en que se abrió el Mar Rojo”.
(2003, abril, Jeffrey R. Holland, ‘Una oración por los niños,’ Liahona, mayo 2003 ¶ 15)

Originally posted 2018-02-12 23:33:00.