“Egipto ha sido una tierra de misterio por siglos. Fue así en el tiempo de José. También estaba afligida por muchas incertidumbres. Su economía estaba determinada por su dependencia del gran río Nilo, tan voluble como los vientos del desierto. Si llegaban buenas lluvias en dirección a Etiopía, Egipto tenía buenas cosechas; si no, el hambre se convertía en el acompañante de innumerables campesinos. Si las lluvias eran demasiado intensas, se producían inundaciones. Si eran demasiado livianas, los vientos cálidos del desierto parecían consumir el poco crecimiento que había. La lluvia era casi desconocida en los valles de ese río de 4,000 millas.

“La historia de Egipto es oscura en el período en que José estuvo allí, y con buenas razones. El país había sido conquistado por un pueblo conocido como los Hyksos, o reyes pastores. Esto fue cerca de 1700 a. C. La invasión estuvo marcada por violencia y brutalidad. La oleada de resentimiento que surgió de la población nativa no tuvo límites. El odio a esos invasores era universal.

“Cuando los egipcios finalmente se deshicieron de este yugo y nuevamente se gobernaron a sí mismos, quisieron borrar todo recuerdo de quienes fueron sus crueles amos por doscientos años o más. ¿Por qué debería preservarse el recuerdo de la opresión?” (Mark E. Petersen, Joseph of Egypt).