10 cosas que ya no verás hacer en las Conferencias Generales SUD

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    Fecha de publicación: 30/03/17
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    Cada vez que abril y octubre se acercan nos preparamos para la Conferencia General de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En ella esperamos escuchar la voz del Profeta de la Iglesia, de los Doce Apóstoles vivientes, de los Setenta y de otras Autoridades Generales. La consideramos como una colección de valiosos discursos, un diluvio de doctrina que estudiamos con asiduidad por los próximos seis meses. Pero no siempre fue así en las Conferencias Generales SUD. En los primeros años de la Iglesia restaurada de Jesucristo, el Profeta José Smith tenía asuntos que discutir con los miembros, problemas que resolver o nuevas revelaciones que compartir. Fue conforme la membresía de la Iglesia crecía y las conferencias se hacían más regulares que el propósito de la conferencia se fue definiendo más y resultó en los dos días de fiesta y celebración espiritual que hoy disfrutamos. La siguiente es una lista pequeña que te servirá para conocer algunos aspectos que se hacían en la Conferencia General y que se fueron suprimiendo con el paso del tiempo.

    1. Repartir la Santa Cena

    La primera conferencia de la Iglesia se tuvo el 9 de junio de 1830, tan sólo unos meses después de la organización de la Iglesia. Esta primera conferencia se veía más como una reunión sacramental de nuestros días. Se tuvo un himno de apertura, se repartió la Santa Cena, se confirmaron miembros y se recibieron enseñanzas del Profeta. Claro está que mucho de esto tuvo que ser descontinuado con el crecimiento de la membresía de la Iglesia. Pero aún así, la Santa Cena se siguió repartiendo. Todavía fue así en la sesión más reciente de 1942, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En esa conferencia se tuvo una reunión de testimonios al terminar de repartir los sacramentos.

    2. Confirmar miembros y ratificar revelaciones

    Ahora confirmamos a los miembros de la Iglesia en nuestras reuniones sacramentales y qué bueno que lo hacemos así, porque ¡imagínate todo el tiempo que consumiría hacerlo en una Conferencia General! Pero antes, la Conferencia General era el momento para hacerlo. Además, los asistentes a la conferencia votaban para ratificar su aceptación de las revelaciones recién anunciadas. Esta fue la base de nuestro actual método de sostenimiento para expresar el “común acuerdo”. Fue, por ejemplo, en una reunión de conferencia que los miembros votaron para que fuera publicado el Libro de Mandamientos, que hoy llamamos Doctrina y Convenios. La Conferencia General dejó de ser un lugar para resolver asuntos y se convirtió más en un momento de instrucción en abril de 1844.

    3. Llevar a cabo consejos disciplinarios

    Las primeras conferencias tenían el propósito de brindar unidad y organización a los santos, así que en ellas se resolvían disputas y transgresiones morales también. Esto podía resultar en que se decidieran suspensiones, excomuniones y readmisiones. Eventualmente, se llevó a cabo una reunión de consejo disciplinario por separado para poder concentrarse en la instrucción.

    4. Anuncios de colonización y asignaciones misionales

    Cuando asistías a la conferencia no sabías qué podría pasar. Cualquiera podría ser llamado para colonizar un territorio o para salir en una misión. Por eso, la conferencia se realizaba con más anticipación. La conferencia se llevaba a cabo desde septiembre, para que los misioneros recién llamados tuviesen tiempo de dejar su hogar antes de que iniciaran las tormentas de invierno.

    5. Tener las Conferencias Generales SUD el 6 de abril

    Las primeras fechas de la Conferencia General no eran regulares. Simplemente se convocaban cuando era necesario, sin importar el mes o día que fuera. Una vez que comenzaron a hacerse consistentes al menos algunas sesiones tenían lugar el 6 de abril, sin importar en qué día de la semana cayera esta fecha. Alrededor de 1840 se comenzó a generar un patrón de consistencia para convocar la Conferencia General de la Iglesia cada seis meses, en abril y octubre.

    6. Escuchar a otros discursantes además de las Autoridades Generales y Oficiales Generales

    En las primeras conferencias generales podían participar presidentes de estaca y misión, representantes de los Estados Unidos y hasta los Boy Scouts. Ahora esperamos escuchar solamente a las Autoridades Generales de la Iglesia y a los lideres de las Organizaciones Auxiliares.

    7. Llevar a cabo la conferencia fuera del Centro de Conferencias

    Las Conferencias Generales se han realizado en multitud de lugares. Primero se llevaron a cabo en Fayette, Nueva York; en Kirtland, Ohio, y en Council Bluffs, Iowa, así como en Logan y en Provo, Utah. En 1893 se llevó a cabo una conferencia especial en el templo de Salt Lake City, para su dedicación. Los miembros de la Iglesia actuales sólo tienen memoria de que se realizaba en el Tabernáculo de Salt Lake, que fue la sede de las Conferencias Generales de 1867 hasta 2000, en que se construyó el más amplio Centro de Conferencias para este propósito.

    8. Publicación de los gastos de la Iglesia

    Los asuntos financieros de la Iglesia comenzaron a reportarse por un comité de auditoríasen 1908. Se incluía en el reporte el monto erogado en categorías individuales como el mantenimiento y construcción de templos y escuelas de la Iglesia, así como lo gastado en ayudar a los pobres. Para abril de 1959 la Iglesia dejó de publicar de esta manera los gastos específicos, pero se comenzó a llevar una auditoría más generalizada de los números de estacas, misioneros y templos, que es la que hoy escuchamos en la Conferencia General de abril.

    9. Tener más de dos días de Conferencia General

    En la mayor parte de la historia de la Iglesia, las Conferencias Generales SUD duraban tres días, con algunas sesiones dedicadas a temas específicos. En 1867 los miembros votaron para extender la conferencia a cuatro días por una temporada. La práctica de tener la conferencia por dos días y colocarla en sábado y domingo comenzó en abril de 1977.

    10. Discursar sin notas preparadas y sin límite de tiempo

    En las primeras conferencias de la Iglesia los discursantes esperaban ser guiados únicamente por la inspiración de Dios. Los asistentes permanecían en sus asientos hasta que el discursante dijera todo lo que sentía que debía decir, así fuera por cinco minutos o por una hora y cinco minutos. Al empezar a ser transmitida la Conferencia General por televisión se hizo necesario establecer límites con el fin de que las pausas propias de la estación no fueran a interrumpir a uno de los discursantes.


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