Las impactantes imagenes de la puerta del infierno

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La puerta del infierno, lago de fuego
La impresión mental de esta imágen evoca el "lago de fuego" mencionado en las Escrituras.

El fotógrafo Karel Tupy, de 35 años, dice que temía que su cámara se derritiese por el avasallante calor del volcán Erta Ale, en Etiopía, parte del cual los habitantes locales de Afar llaman cariñosamente ‘la puerta del infierno’.

Jueves 23 de abril de 2015. El fotógrafo Karel Tupy visitó el Erta Ale, el lago de lava más antiguo del mundo en actividad continua. Habla sobre el calor abrumador de la lava que inmortaliza en estas impresionantes escenas. Erta Ale significa “montaña humeante” en el idioma local Afar y el pico al sur es “la puerta del infierno”.

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Una aclaración sobre el significado del lago de fuego

Estas imagenes te darán una idea sobre cómo es un “lago de fuego”. Pero cabe decir que “el lago de fuego” al que se refieren las escrituras no se refiere precisamente a la boca de un volcán. Ni el infierno se halla en las profundidades de la tierra. El Salvador usó más bien una imagen conocida a los israelitas: la del valle de la gehenna, un inmenso basurero a las afueras de la ciudad con una tenebrosa historia que ya estaremos relatando en otros biblicomentarios. La Gehenna se mantenía ardiendo para quemar los desperdicios, que en ocasiones llegaron a involucrar restos humanos, siendo usada como fosa común. Es por eso que era el lugar donde “el gusano no muere y el fuego no se apaga” (Marcos 9:42–48), una expresión simbólica de un estado de putrefacción y deterioro moral. Esa imágen, conocida a todos los judíos, debió ser impactante en la mente de los escuchas de nuestro Señor Jesucristo.

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Donde el gusano no muere y el fuego no se apaga

Enmarcado en las instrucciones que Jesus dio a los doce apostoles sobre los efectos de su ministerio se encuentran estas impresionantes palabras, referentes a la necesidad de cortar todos los lazos con el mundo para embarcarse de lleno en el servicio de Cristo.

Marcos 9:41–50
41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
42 Y a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera que se le atase una piedra de molino al cuello y que fuera echado al mar.
43 Y si tu mano te hiciere tropezar, córtala; mejor te es entrar manco en la vida, que teniendo dos manos, ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,
44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar cojo en la vida, que teniendo dos pies, ser echado al infierno, al fuego que no puede ser apagado,
46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos, ser echado al infierno,
48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
50 Buena es la sal; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos, y tened paz los unos con los otros.
(Nuevo Testamento | Marcos 9:41–50)
Estas expresiones son, por supuesto, metáforas. El Salvador no quiso con ello decir que debamos mutilar el cuerpo, sino más bien prescindir de toda aquella atadura que nos relacione con el mundo, aún cuando pueda parecernos conveniente o necesaria. Nuestro amor por Dios tiene que ser mucho mayor que las cosas del mundo.
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De la misma manera, el lago de fuego que aquí se cita no es un lugar literal de fuego ardiente sino más bien un estado “ardiente” del alma, una condición de tormento inagotable, causado por el aguijón de una conciencia culpable.

Un destino para los hijos de perdición

En la sección 76 de Doctrina y Convenios, el Señor emplea el mismo lenguaje para referirse al destino final de los hijos de perdición, aquellos que niegan a Dios después de conocerle profundamente y que entonces, a la manera de Caín, pecan no en ignorancia, sino en total conocimiento, rebelándose contra la luz que han recibido.

Doctrina y Convenios 76:43–48
43 y él glorifica al Padre y salva todas las obras de sus manos, menos a esos hijos de perdición que niegan al Hijo después que el Padre lo ha revelado.
44 Por tanto, a todos salva él menos a ellos; éstos irán al castigo perpetuo, que es castigo sin fin, castigo eterno, para reinar con el diablo y sus ángeles por la eternidad, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga, lo cual es su tormento;
45 y ni el fin de ello, ni el lugar, ni su tormento, ningún hombre lo sabe;
46 ni tampoco fue, ni es, ni será revelado al hombre, salvo a quienes se hacen participantes de ello;
47 sin embargo, yo, el Señor, lo manifiesto en visión a muchos, pero en seguida lo cierro otra vez;
48 por consiguiente, no comprenden el fin, la anchura, la altura, la profundidad ni la miseria de ello, ni tampoco hombre alguno, sino los que son ordenados a esta condenación.
(|Doctrina y Convenios 76:43–48)

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