Mi Plan: Una nueva herramienta para ayudar a los misioneros mormones que regresan a casa

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Gafete misional
La Primera Presidencia ha anunciado un nuevo curso en línea llamado Mi Plan para ayudar a los misioneros retornados a utilizar sus experiencias misionales para planear un discipulado continuo por el resto de sus vidas. El programa estará disponible a partir de agosto de 2015 en myplan.lds.org

¿Qué es Mi Plan?

El curso contiene ocho lecciones interactivas que están disponibles en el portal LDS.org. La primera lección se completa  después de recibir el llamamiento misional y antes de entrar al Centro de Capacitación Misional. La segunda lección se completa a mitad de la misión, y las seis restantes durante el último cambio en la misión. A aquellos que no puedan acceder a través de Internet se les proveerá un folleto.

Creando el plan

El programa Mi Plan habilita a los misioneros para que utilicen las experiencias y habilidades que han desarrollado en la misión como un cimiento sobre el cual puedan construir el resto de sus vidas. Los misioneros reflexionarán sobre cómo es que su misión les ha colocado en el sendero hacia la vida eterna y entonces planearán los pasos que darán después de su misión para mantenerse en ese sendero. Las metas incluirán aspectos como la familia, el servicio, la educación y los objetivos profesionales. “Cuando los misioneros definen metas con espíritu de oración y hacen planes para ellas y entonces siguen conversando con el Señor sobre esas metas y planes, siguiendo el Espíritu, se encuentran con que sus planes encajan naturalmente en el plan del Señor porque sus deseos han cambiado”, explica Ross Booth, administrador de Mi Plan.
“En realidad no es exactamente sobre “mi plan”. Es sobre descubrir el plan de Dios para tí”.
Puedes leer más acerca de “Mi Plan”, y cómo se está implementando en Deseret News (en inglés).

Comentarios adicionales

Regresar de la misión puede ser un desafío igual o más grande que el irse a una misión. Cuando regresas tu mundo es completamente diferente. Aquello que valoraban antes, que constituía tu punto principal de referencia, no existe más y es difícil encontrar los nuevos puntos de referencia, aquellos que te servían en la misión, en tu nuevo entorno. Al principio, entonces, tendrás que sentirte completamente desorientado. Y es entonces que, sin el apoyo de una buena familia, sin la orientación que brindan las buenas metas y sin la continuidad de los buenos hábitos misionales, muchos misioneros retornados se pierden.

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Cuando yo regresé a casa me tomó más de un año abandonar la misión. Sentía añoranza en todo momento por ella. Mi familia no era miembro de la Iglesia, por lo que no me alentaban a continuar los hábitos misionales y, de hecho, me era difícil hasta encontrar el tiempo o el espacio para orar. No es que no me respetaran, es que, sencillamente, eso era mi asunto, algo que yo debía resolver a solas.  Por dos años, este tipo de cosas habían sido hechas con el aliento y consejo de mis compañeros de la misión. La falta de apoyo ahora era muy difícil de sobrellevar.

Había otros cambios que fueron inesperados. Me enteré, apenas hasta que regresé de la misión, que el barrio al que pertenecía se había dividido. Había salido de un barrio sumamente bien organizado y estructurado. Ahora pertenecía a una joven rama en formación, con apenas un puñado de miembros y sin demasiada unidad entre ellos. Yo era el primer misionero retornado entre ellos, por lo que me miraban con suma curiosidad. El perder de vista a algunos amigos anteriores también fue desalentador.

Buenos líderes se dieron el tiempo para escucharme y orientarme. Lalo Rodríguez, mi presidente de rama, me encaró tan rápidamente como era posible para decirme que la inspiración que me había acompañado como misionero aún estaba presente y que si justo en este momento yo me proponía, en espíritu de oración, metas para los próximos cinco años, estas se realizarían sin dudar. Este fue el consejo del Señor para mí, a través de mi presidente de rama, y resultó un valiosísimo consejo que me ayudó a mantener la fe y la orientación a pesar de las dificultades que enfrenté en mi lucha solitaria después de la misión.

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En los años subsiguientes he visto a muchos jóvenes regresar de la misión y continuar vidas y carreras exitosas como también he visto a otros perderse. Aún más triste, he visto compañeros entrañablemente amados de mi misión perderse. Debido a mi experiencia personal comprendo sus desafíos y me pregunto si no les faltó un consejo a tiempo como el que mi presidente de rama me proporcionó a mí. Quisiera uno multiplicarse para dar ese tipo de aliento y de consejo a todos los misioneros retornados. Ya no es necesario, el programa está aquí y puede uno bendecir el nombre del Señor por proporcionarlo. Ahora esperemos que todos los padres y líderes estemos al tanto, antes que los propios misioneros, y podamos brindar el apoyo necesario para fortalecer las vidas de incontables jóvenes en incontables situaciones distintas.

Sin duda este es el comienzo de una nueva generación de prosperidad, crecimiento y liderazgo para la juventud de la Iglesia.

10 Comentarios

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