Ahora, en el día de hoy, nos vemos ante problemas particulares, graves, arrolladores, difíciles y que nos producen honda preocupación. Sin duda, tenemos necesidad del Señor.

Cuando fui a casa a almorzar, encendí el televisor, vi las noticias durante un momento y parafraseé en mi mente las palabras del salmo: “¿Por qué se amotinan las gentes y las naciones?” (véase Salmos 2:1). He vivido durante todas las guerras del siglo XX. Mi hermano mayor está sepultado en la tierra de Francia, víctima de la Primera Guerra Mundial. He vivido durante la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Corea, la guerra de Vietnam, la guerra del Golfo y conflictos bélicos menores. Hemos sido gentes muy pendencieras y difíciles en nuestros conflictos de los unos con los otros. Por tanto, debemos volvernos al Señor y acudir a él. Pienso en las magnas palabras de Kipling:

Allá, muy lejos, nuestras armadas se van a desvanecer.
En dunas y cabos cae el fuego de los disparos.
¡Ah, toda nuestra pompa de ayer
como Nínive y Tiro se ha tornado!
Juez de las naciones, ¡líbranos del mal,
para que nunca jamás lleguemos a olvidar!
(Rudyard Kipling, “Recessional”, enMasterpieces of Religious Verse, editado por James Dalton Morrison, 1948, pág. 512. Traducción).

Nuestra seguridad yace en la virtud de nuestras vidas. Nuestra fortaleza yace en nuestra rectitud. Dios ha indicado claramente que si no le abandonamos a él, él no nos abandonará a nosotros. él, que guarda a Israel, no se adormece ni duerme (véase Salmos 121:4).

Bibliografía

«Para siempre Dios esté con vos», Presidente Gordon B. Hinckley, Conferencia General de octubre de 2001,.