“La parte del sacrificio que tenía mayor analogía con el Salvador era la de la ofrenda misma. Fijémonos en algunos de esos paralelismos.

“En primer lugar, al igual que Cristo, el animal era escogido y ungido mediante la imposición de manos. (Tanto el título hebreo Mesías como el griego Cristo significan ‘el Ungido’.)

“Segundo, se debía derramar la sangre del animal.

“Tercero, tenía que ser un animal sin defecto alguno, totalmente libre de imperfecciones físicas, completo, sano, perfecto.

“Cuarto, el animal a sacrificar debía estar limpio y ser puro.

“Quinto, el animal tenía que ser doméstico, es decir, no podía ser salvaje, sino manso y de utilidad para el hombre (véase Levítico 1:2–3, 10 ; 22:21).

“Sexto y séptimo, en el sacrificio original practicado por Adán, y el más común de los de la ley de Moisés, el animal tenía que ser un primogénito y macho (véase Éxodo 12:5; Levítico 1:3; 22:18–25).

“Octavo, el sacrificio de grano tenía que ser molido en harina y preparado en panecillos, lo cual nos recuerda el título del Señor como Pan de Vida (véase Juan 6:48). Noveno, las primicias que se ofrecían nos recuerdan que Cristo fue las primicias de la Resurrección (véase 1 Corintios 15:20 ). (Véase también Bible Dictionary, ‘Sacrifices’; Daniel H. Ludlow, ed., Encyclopedia of Mormonism, cinco tomos, 1992, tomo III: págs. 1248–1249.)”

Bibliografía

  • Ballard, M. R. La ley de sacrificio. Liahona, marzo de 2002, 17.