Al leer el prólogo a la intervención de Elihú, quizás quieras poner atención sobre las referencias que él hace a conceptos del evangelio. Es famosa su declaración “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y la inspiración del Omnipotente le hace entender” (Antiguo Testamento, Job 32:8 • AT, p. 870). En ocasiones, las Autoridades Generales citan ese pasaje para enfatizar la importancia de la revelación para obtener entendimiento. No entendemos las cosas plenamente hasta contar con la ayuda divina y verlas a la manera de Dios.

En el capítulo siguiente Elihú recalca la diferencia entre el cuerpo y el espíritu: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida. “(Antiguo Testamento, Job 33:4 • AT, p. 871) En el Nuevo Testamento se expresa que el cuerpo sin el espíritu está muerto. El “soplo del Omnipotente” es el que anima el cuerpo. Con esta expresión, la escritura se refiere a la incorporación del espíritu dentro del cuerpo. De manera sutil, y a veces casi imperceptible, el libro de Job salpica aquí y allá estas maravillosas perlas de conocimiento del evangelio.