Mateo

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    Quién era Mateo, el escritor del primer evangelio

    Como el resto de los doce apóstoles originales, Mateo era originario de la tribu de Judá (judío). Era hijo de un hombre llamado Alfeo y se le distinguía por dos nombres, lo cual era común en aquella época. Su nombre nativo era Leví, mientras que el nombre griego, con el que se daba a conocer más ampliamente tanto a judíos como a gentiles, era Mateo. El nombre de Mateo (Mathaios, en griego) significa “don de Jehová”.

    Su aborrecible origen como agente tributario

    Mateo aparece en escena durante el primer ministerio de Jesús en Galilea. En la segunda ocasión en que Jesucristo retornó a Capernaúm y ministró a sus habitantes pasó por la mesa donde este recaudador de impuestos recopilaba y ponía en orden las cantidades que habían de enviarse finalmente al romano opresor. Como podrá suponerse rápidamente, los recaudadores de impuestos, también llamados “publicanos”, no eran bien vistos por los judíos, quienes los consideraban una suerte de traidores. Sin embargo, Jesucristo se detuvo allí precisamente para dirigirse a Mateo.

    La consagración de Mateo y su llamamiento al discipulado

    El llamamiento de Mateo es registrado en los tres evangelios sinópticos (Mateo, Lucas y Juan), con apenas variación en unos pocos detalles significativos. Por ejemplo, Marcos provee el nombre hebreo de Mateo, Leví, agregando también que era hijo de un hombre llamado Alfeo (y al que es preciso distinguir del padre del apóstol Santiago, que tenía el mismo nombre). Lucas también le llama Leví, mientras que Mateo usa su nombre griego (Mateo).  Marcos explica que el banco de los tributos, especie de oficina hacendaria, le quedaba a Jesús camino al mar.

    El pasaje puede dividirse en dos eventos:

    1. el llamamiento de Mateo (Mateo 9:9; Marcos 2:13-14; Lucas 5:27-28) y
    2. el banquete posterior en casa de Mateo, en el que Jesús convidó a Jesús y a varios principales de la ciudad para celebrar su llamamiento (Mateo 9:10-13; Marcos 2:15-17; Lucas 5:29-32).

    El llamamiento de Mateo

    El llamamiento de Mateo es asombrosamente simple: Jesús le llama al discipulado con la sencilla invitación “Sígueme”. Lo prodigioso es la reacción de Mateo. Lucas es quien la describe más completamente, pues dice que “dejándolo todo, se levantó y lo siguió”. Esto involucraba dejar la jugosa profesión y las ganancias correspondientes.

    El banquete en casa de Mateo

    Este espíritu de consagración se enfatiza aún más en el evento a continuación, que es el banquete en casa de Mateo. Mateo decidió hacer un banquete para celebrar la invitación al discipulado y la despedida a su profesión, e invitó a la tertulia no sólo a Jesús, sino también a los líderes judíos presentes en Capernaum (se puede observar que Mateo tenía excelentes relaciones con el gobierno del pueblo). Sin embargo, mezclados con ellos también estaban los pobres, otros odiados publicanos y algunos pecadores, lo cual no tardó en provocar el desagrado de la cúpula judía, que criticó la alternancia de Jesús con “esta clase de gente”. Esto dio motivo a una valiosa lección de Jesús, que enseñó que no son los sanos los que necesitan de médico sino precisamente los enfermos. Por lo tanto, quienes son llamados al arrepentimiento no son los justos, sino los pecadores.

    El llamamiento de Mateo como apóstol

    Algún tiempo después del llamamiento de Mateo al discipulado, Jesús integró por primera vez un Cuórum de Doce Apóstoles. Marcos y Lucas nos proveen sus nombres, e incluyen a Mateo como uno de los que formaba este cuerpo de autoridad prominente en la naciente Iglesia de Jesucristo (Marcos 3:13-19; Lucas 6:12-16).

    Los apóstoles fueron de inmediato enviados a una misión inicial, con instrucciones específicas y una rendición de resultados que se encuentra registrada en Mateo 10; Marcos 6:7-13 y Lucas 9:1-6.

    La perseverancia del apóstol Mateo

    La última aparición del apóstol Mateo en la Biblia se halla en el capítulo uno del libro de Hechos, en el recuento que hace Lucas de los nombres de los once apóstoles originales tras la muerte de Judas y antes de que se le eligiera un sucesor al apóstol fallecido. El hecho de que se expongan los mismos nombres, menos el de Judas, es muestra de que el Cuórum se conservó íntegro, con casi todos sus miembros fieles, al tiempo de la resurrección y ascensión de Jesucristo.

    El evangelio de Mateo

    La contribución más grande que el antiguo publicano realizó como apóstol, y por la cual se ha inmortalizado su nombre, es el evangelio de Mateo. Escrito a los judíos, procura demostrarles que Jesús es el Cristo, el esperado Mesías, y el Rey de reyes. El evangelio de Mateo se escribe en torno a cinco discursos principales y contiene una cantidad impresionante de referencias a profecías del Antiguo Testamento, cuyo cumplimiento muestra reflejado en la vida y acciones de Jesucristo.

    El testimonio intemporal del apóstol Mateo

    La firme disposición de Leví para consagrar y abandonarlo todo para seguir a Jesucristo ha tenido repercusión en la humanidad por todas las generaciones subsiguientes, que se han beneficiado al leer su testimonio en el primer evangelio del Nuevo Testamento y así han llegado a conocer el cumplimiento de las profecías en la misión terrenal de Jesús, su identidad como Mesías y Rey de reyes y como el Salvador del mundo. Son millones de personas las que han logrado su conversión a través del evangelio de Mateo, entre cuyos grandes números humildemente incluyo el pequeño mío.  Gracias a Dios por las lecciones que aprendemos del testimonio y disposición de Mateo.