“Esto significaba transmisión y delegación, e implicaba representación; de manera que realmente señalaba hacia la substitución del sacrificio por el que lo efectuaba. De ahí que siempre era acompañada por la confesión del pecado y por oración. Así se hacía: El sacrificio era entregado de tal forma que la persona que confesaba miraba hacia el oeste, en tanto que ponía las manos entre los cuernos del sacrificio, y si el sacrificio se hacía en nombre de más de una persona, cada una tenía que poner allí las manos. No está muy claro si tenían que poner una o ambas manos, pero todos concuerdan en que tenía que ser hecho ‘con toda la fuerza’, como poniendo todo el peso del cuerpo sobre el sacrificio.”

Bibliografía

•    “The Temple”, por Edersheim,