“David debió haber castigado a Joab por esos dos crímenes; pero cuando Abner fue muerto, se sentía demasiado débil para sancionar a un hombre como Joab con el castigo que merecía, ya que acababa de ser un¡;ldo rey, y en consecuencia no hizo nada más que invocar retribución divina sobre la cabeza del comandante (véase 2 Samuel 3:29). Así que cuando Amasa fue asesinado, las rebeliones de Absalón y de Seba habían debilitado tanto el poder de David que éste no pudo infligir a Joab el castigo que merecía. Pero como rey de la nación de Dios, no era Justo que dejara que tales crímenes quedaran sin castigo, de manera que transfirió la responsabilidad, para la que le había faltado poder, a su hijo y sucesor… ‘Harás conforme a tu sabiduría (“aparta la oportunidad propicia de castigarlo ” -Seb. Schmidt); no dejarás descender sus canas al Seol en paz (o sea, sin castigar)’ (1 Reyes 2:6). El castigo de un hombre tan poderoso como Joab, el comandante en jefe, requería gran sabiduría para evitar una rebelión en el ejército que le era fiel. ” (C. F. Keil y F. Delitzsch, Commentary on the Old Testament, 3:1:29.)