Me ha dado mucha tristeza conocer una experiencia vivida por Mahatma Gandhi, la cual me ha sido causa de profunda reflexión. Gandhi leyó en su juventud la Biblia y, como a mí, el Sermón del Monte le llamó poderosamente la atención. Gandhi creía firmemente que el conocimiento del evangelio de Jesucristo podía ser una esperanza para su país. ¿Por qué entonces, no se convirtió al cristianismo y permaneció siendo hindú? La respuesta debe ser un llamado de atención para todos los maestros y líderes cristianos. La experiencia de Gandhi es la siguiente:

¿Por qué Gandhi no fue cristiano? El permaneció hindú hasta el final. Adoraba a Cristo como una de las encarnaciones de Dios, no como la única. Nunca dio el paso final para hacerse cristiano. En una autobiografía que se publicó en la India, él dice que en sus días de estudiante se impresionó mucho al leer los evangelios, y que pensó seriamente en bautizarse y ser miembro de una iglesia cristiana. Pensaba que en el cristianismo estaba la solución a los prejuicios raciales y a las diferencias de casta que afectan a la India y al Africa del Sur. Un domingo por la mañana, Gandhi fue a una iglesia cristiana que estaba cerca, y tenía el propósito de hablar con el pastor al terminar el culto. Cuando entró en el templo, la comisión de recepción se negó a proporcionarle un asiento, y le sugirió que fuera a una iglesia de los negros. Gandhi salió de aquel templo para no volver más. “Si también los cristianos tienen diferencias de clase”, pensó, “permaneceré siendo hindú, y desde allí atacaré el mal.”—C. C. Wychoff. Alfred Lerı́n, 500 ilustraciones, (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2000), 241.

Aunque sé que el racismo ya no es común en nuestras congregaciones, el tema de hacer diferencias sigue siendo vigente. Seguramente, el comité de bienvenida que recibió a Gandhi no sabía lo que se estaba perdiendo al desatender a una sola persona. Es fácil que algunas personas pasen desapercibidas en nuestros grupos, clases y barrios, ya que exige un esfuerzo depurar las listas, darles seguimiento y prestar atención. En ese sentido, esta reflexión tiene repercusiones para con la obra misional y afecta todos los aspectos de la enseñanza.

  • Como miembros: ¿sabemos hacer bienvenidos a nuestros investigadores y nuevos conversos?
  • Como líderes: ¿hacemos diferencias en alguna medida?
  • Como maestros: ¿escuchamos a todos, conocemos a nuestras ovejas, sentimos sus necesidades? ¿O tenemos la vista fija en el manual, estamos demasiado preocupados por “dar una clase” y perdemos de vista al que se sienta aislado, al que no participa y al que es nuevo en nuestro grupo?

Tal vez puedas encontrar más dimensiones.

14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
15 Ni se enciende una vela y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
(Nuevo Testamento, Mateo 5:14–16 • NT, p. 1510)

Las siguientes lecciones del manual “Enseñar a la manera del Salvador“, preparado por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, nos pueden servir para corregir este problema y ser nosotros mismos más receptivos. ¡Ojalá hubiera sido la lectura del comité de bienvenida que recibió a Gandhi!

2 COMENTARIOS