Las hijas fieles de Dios desean hijos. En las Escrituras leemos sobre Eva (véase Moisés 4:26), Sara (véase Génesis 17:16), Rebeca (véase Génesis 24:60), y María (véase 1 Nefi 11:13-20) quienes fueron preordenadas para ser madres antes de que sus hijos hubieran nacido. A algunas mujeres no se les da la responsabilidad de tener hijos en la tierra, pero así como Ana, del Antiguo Testamento, oró con fervor por su hijo (véase 1 Samuel 1:11), el valor que las mujeres den a la maternidad en esta vida y los atributos maternales que logren aquí se levantarán con ellas en la Resurrección (véase D. y C. 130:18). A las mujeres que deseen esa bendición y se esfuercen por lograrla en esta vida, se les promete que la recibirán por toda la eternidad, y la eternidad es mucho, pero mucho más larga que la mortalidad. En la maternidad hay una influencia y un poder eternos.

Bibliografía

  • «Las madres que lo saben», Hna. Julie Beck, Conferencia General de octubre de 2007,.