Los documentos históricos que respaldan la práctica del bautismo en la Iglesia Primitiva

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    Bautismo en la Iglesia Primitiva

    Introducción a la documentación histórica del bautismo

    El bautismo, la primera de las ordenanzas de salvación, es aquella que sirve de puerta de entrada al reino de Dios y sin la cual no es posible validar el perdón de pecados ni el resto de las ordenanzas. La fe y el arrepentimiento son los principios que preceden y conducen hacia el bautismo. Las enseñanzas de la Biblia muestran que el bautismo debe ser realizado por inmersión, esto es, sumergiendo a la persona que lo recibe, como símbolo de la muerte y resurrección de Jesucristo. La persona que es así bautizada muere al pecado para nacer a una nueva vida como discípulo de Cristo, y queda habilitada para recibir el don del Espíritu Santo a través de la ordenanza de la imposición de manos.

    Las Escrituras hablan acerca de todo esto, pero, ¿cuánto de ello fue enseñado y practicado en la Iglesia Primitiva? ¿Hasta qué punto la práctica original fue preservada y hasta qué punto distorsionado por la Gran Apostasía? ¿Qué evidencias tenemos en los documentos de los escritores de los primeros siglos que nos ayuden a obtener respuesta a estas preguntas? En este artículo revisaremos la documentación dejada por los escritores que pertenecieron a la Iglesia Primitiva para comprender cuál fue la doctrina y práctica del bautismo en los primeros días.

    Una nota de advertencia: en el caso de la Iglesia Primitiva es poca la documentación escrita que hallamos y, cuanto más atrás viajamos en el tiempo, más difícil es recoger y reconocer la evidencia. Para el momento en que estos primeros escritores existieron, la Gran Apostasía había iniciado su progreso. Debemos estar al tanto de la forma gradual en que la iglesia fue alejándose de la doctrina de las escrituras en el transcurso de los años. Sin embargo, los escritos de los primeros siglos nos ayudan a observar residuos y trazos de las prácticas originales descritas por las Escrituras, muchas de las cuales todavía eran reverenciadas todavía en el término de los primeros cuatro siglos.

    Cronograma: Documentación sobre el bautismo en la Iglesia Primitiva

    El siguiente diagrama nos servirá de base para conocer cuáles son los principales documentos que nos ayudan a comprender la manera en que el bautismo era concebido y aplicado en los primeros siglos del cristianismo. Nuestro estudio abarcará el periodo que va desde los primeros años de la era cristiana hasta el fin del tercer siglo.

    Bautismo-en-la-Iglesia-Primitiva
    Diagrama que muestra el desarrollo de la documentación sobre el bautismo en los primeros siglos de la Iglesia Primitiva

    El bautismo de los prosélitos

    Observando el primer punto en el diagrama notarás que se habla del ”

    bautismo prosélito

    “. Te preguntarás de dónde sale este término. Te lo explico. Los gentiles que se convertían al judaísmo eran llamados prosélitos. Para recibir a un prosélito en la comunidad judía se le pedía que participara de un bautismo, como parte de su recepción a su nueva fe. El Diccionario Bíblico Lexham describe de la siguiente manera este procedimiento y su significado:

    “El propósito de este requisito de entrada,

    conocido como bautismo prosélito

    , era eliminar cualquier atisbo de impureza ceremonial de los gentiles (b. Yebam 46a-48b; b. Gerim 60a-61b). Los gentiles eran considerados ritual y espiritualmente impuros y necesitaban purificación para poder entrar en Israel y en el templo (Josefo, Guerras, 2:150; Philo, Legat., 212; Hech 10:28). La limpieza ritual para los judíos era un símbolo de la limpieza interior, ya que “quien se convierte en prosélito es como un niño recién nacido” (b. Yebam, 48b)”.[^fn1]

    Cabe notar que los judíos también utilizaban diferentes tipos de abluciones (lavamientos) como parte de sus rituales, incluso una forma de inmersión, con el propósito de arrepentimiento.

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    El bautismo entre los esenios

    Por el tiempo del primer siglo, la comunidad de Qumrán, también conocida como “los esenios”, constituía un grupo separado de judíos que se organizaron como una comuna con normas y principios especiales, basados en un estudio intenso de las Escrituras. Es de sumo interés notar que ellos practicaban abluciones diversas y un tipo de bautismo. Según el ya mencionado Diccionario Bíblico Lexham: “El grupo en Qumrán participaba con frecuencia de los rituales de purificación con agua. Consideraban a las inmersiones espiritualmente ineficaces si no eran acompañadas de un arrepentimiento sincero y “humilde sumisión … a todos los preceptos de Dios” (1QS 3:3–9).” [^fn2]

    El testimonio de la Didaché sobre el bautismo

    Ahora observa el primer punto morado en el diagrama, justo debajo del indicador para el año 100 d.C. Este punto hace referencia a uno de los documentos más antiguos sobre las prácticas de la Iglesia Primitiva, llamado la Didaché (se pronuncia Didaqué). Fue escrita en griego entre finales del primer siglo y principios del segundo. La Didaché puede considerarse como una especie de Manual de la Iglesia de esa época (si bien puede no haber sido de uso para toda la Iglesia, sino solo para un segmento de ella) y en el capítulo 7 provee instrucciones específicas sobre el bautismo. No todo lo que contiene la Didaché se corresponde con la doctrina de las Escrituras, lo cual es muestra de que la Gran Apostasía ya había dado comienzo.

    La Didaché contiene, sin embargo, algunas instrucciones muy interesantes con respecto al bautismo. Por ejemplo, explica que los candidatos al bautismo recibían una instrucción preliminar, lo cual nos recuerda las charlas misionales del día de hoy. Se les preparaba de esta manera, tenían oportunidad de arrepentirse y confesar sus pecados ante un representante autorizado y entonces ayunaban antes del bautismo (Didaché 7:4). También quien iba a realizar el bautismo ayunaba.

    Como parte de la ceremonia el candidato recitaba segmentos de principios morales que se describen en los primeros seis capítulos de la Didaché. Se daba preferencia al bautismo por inmersión en ríos y aguas corrientes, pero si no había esta opción, se derramaba agua sobre la cabeza de la persona tres veces (Didaché 7:3). Es decir, la Didaché nos sirve para documentar el inicio del bautismo por aspersión hacia finales del primer siglo, como parte del desarrollo de la Gran Apostasía.

    Documentos antiguos posteriores al primer siglo

    Después del primer siglo otros escritores antiguos se refirieron también a la práctica del bautismo en la Iglesia Primitiva. Según el autor de la Epístola de Bernabé, escrito entre el año 70 y el año 130 de la era cristiana, el pueblo judío interpretó las escrituras de una manera demasiado literal y perdió de vista la importancia del bautismo para la remisión de pecados (Barnabas 11:1). En defensa de su punto, el autor cita varios pasajes de Isaías, Salmos y Ezequiel como prueba de que la doctrina del bautismo tenía una importancia en el Antiguo Testamento (ver Salmos 1; Ezequiel 47:12; Isa 16:1–2; 45:2–3; 33:16–18). Todos estos pasajes contienen referencias al agua que Bernabé relacionó con el bautismo. El autor de este documento también usa expresiones como “subir” y “bajar” que muestran que el bautismo por inmersión era el que seguía practicándose en forma regular en la Iglesia (Barnabas 11:8, 11). Estas expresiones cobran adicional importancia porque son usadas en forma consistente en otros documentos de la época.

    Alrededor del año 230, el documento llamado la Didascalia de los apóstoles muestra que el bautismo seguía aplicándose en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Después del bautismo se confirmaba al nuevo integrante de la Iglesia para impartirle el don del Espíritu Santo (Didascalia Apostolorum 3:12).

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    Confusión del bautismo con otras ordenanzas sagradas

    El bautismo no es la única ablución (lavamiento) que se realizaba entre los miembros de la Iglesia Primitiva y, por lo mismo, los estudiosos le confunden con frecuencia con otras abluciones. Es preciso distinguirla de lavamientos referentes a otras ordenanzas sagradas.

    Una referencia de enorme interés para los Santos de los Últimos Días ocurre al final del segundo siglo. Ya cerca del año 200 después de Cristo, aún cuando la apostasía había avanzado en forma notable, Hipólito recogió en un libro las prácticas de la Iglesia según la tradición existente hasta su época. Hoy se conoce a su registro como “La Tradición Apostólica“. En el capítulo 21 de su libro, los versículos 9-11, Hipólito indica una serie de unciones previas y posteriores a un lavamiento similar al bautismo y realizadas por un diácono, diaconisa o un anciano de la Iglesia. La descripción de esta serie de lavamientos y unciones sin duda refleja la transformación de una ordenanza anterior que se fue transformando, e incluso perdiendo, con el tiempo.

    Conclusión

    La documentación histórica nos sirve para comprobar que existía una forma de bautismo antes de Jesucristo, incluso antes de Juan el Bautista, la cual era practicada de manera regular por los judíos para introducir a los gentiles conversos, llamados prosélitos, al judaísmo. Otras abluciones (lavamientos) eran también practicados por ellos con propósitos de purificación espiritual y limpieza. La Didaché muestra que había una instrucción preliminar al bautismo y que se preparaba al converso a la fe cristiana. Dicha preparación incluía la aceptación de Jesucristo (la fe), y una confesión y enmienda ante un representante autorizado (arrepentimiento). Según este documento, el bautismo por inmersión seguía practicándose a finales del primer siglo, pero comenzaba a introducirse la práctica apóstata del bautismo por aspersión. En cambio, el bautismo de infantes aún no había sido introducido en la Iglesia Primitiva, lo cual se evidencia en el hecho de que el candidato debía ser capaz de arrepentirse y recitar complejas confesiones de fe.

    Documentos posteriores al primer siglo, como la Tradición Apostólica de Hipólito y la Didascalia, indican que el bautismo por inmersión seguía siendo observado aún en las cercanías del siglo IV, que se le consideraba una continuidad del bautismo como era aplicado en el Antiguo Testamento, que debía ser sucedido por la recepción del don del Espíritu Santo y que se aplicaba en el nombre de todos los integrantes de la Trinidad. Los apuntes de Hipólito muestran, además, que junto al bautismo regular se practicaban lavamientos y unciones que refieren la mente de los Santos de los Últimos Días a una derivación apóstata de las ordenanzas sagradas del templo.

    Esta documentación muestra que las prácticas de la Iglesia Primitiva fueron en principio consistentes con las indicaciones del bautismo según se hallan en las escrituras y que gradualmente se fueron alejando de ellas hasta constituir una práctica aparte. Esta comprobación es también consistente con las doctrinas y prácticas actuales de los Santos de los Últimos Días.

    Bibliografía y notas finales

    [^fn1]: Espinoza, Benjamin. 2014. Bautismo. (Ed.) John D. Barry & Lazarus Wentz. Diccionario Bíblico Lexham. Bellingham, WA: Lexham Press.

    [^fn2]: Espinoza, Benjamin. 2014. Bautismo. (Ed.) John D. Barry & Lazarus Wentz. Diccionario Bíblico Lexham. Bellingham, WA: Lexham Press.