La significativa relación entre el poder y la autoridad del sacerdocio

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    La relación entre el poder y autoridad del sacerdocio cielo y mar
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    En este artículo deseo compartirte algunas reflexiones sobre el poder y autoridad del sacerdocio. Trataré poder y autoridad como cosas separadas, porque en realidad son términos con un significado diferente. Antes de comenzar, déjame establecerte este hecho simple:

    El mar tiene límites. Los cielos no. Es sabio que sea así. El mar pertenece a la tierra. Los cielos son la morada de Dios.

    El poder y autoridad de Dios

    El poder de Dios es ilimitado. Regula todo lo existente. Dios no tiene límites, pero ha elegido limitarse a sí mismo. Esto es porque Dios no sólo es Todopoderoso. También es sabio. En su sabiduría, Dios ha elegido seguir un orden.

    Dios sabe que si el mar se desbordase sus hijos perecerían. Por eso mantiene los límites del mar. Dios no hace todo lo que puede todo el tiempo. Él es sabio. Él sigue sus propias reglas.

    9 Creed en Dios; creed que él existe, y que creó todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra; creed que él tiene toda sabiduría y todo poder, tanto en el cielo como en la tierra; creed que el hombre no comprende todas las cosas que el Señor puede comprender.

    (Libro de Mormón | Mosíah 4:9)

    El poder de Dios se llama sacerdocio. El sacerdocio de Dios, pues, por ser su poder, es ilimitado. Pero la autoridad del sacerdocio debe limitarse por medio de las reglas que Dios ha dispuesto para este fin. De manera que quien posea el sacerdocio debe seguir el orden de Dios para poder representar a Dios.

    34 He aquí, muchos son los llamados, y pocos los escogidos. ¿Y por qué no son escogidos?

    35 Porque a tal grado han puesto su corazón en las cosas de este mundo, y aspiran tanto a los honores de los hombres, que no aprenden esta lección única:

    36 Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud.

    (Doctrina y Convenios 121:34–36)

    Es por este equilibrio que el hombre no recibe todo el poder de Dios en un solo momento, sino de manera gradual. El hombre puede avanzar en autoridad, recibiendo oficios. Pero es sólo a medida que sigue las reglas de esta autoridad, sometiéndose al orden de Dios, que puede avanzar en poder.

    La doctrina del sacerdocio

    La doctrina del sacerdocio es ese conocimiento que le permite conocer los límites y el orden que Dios ha dispuesto para la autoridad del sacerdocio. Parte de esta doctrina está escrita. Parte se recibe a través de la realización de ordenanzas. Parte debe ser conocida a través de revelación. La dignidad personal y el empeño que ponga el hombre en buscar y conocer a Dios a través del ejercicio de la fe son la llave de acceso a esta revelación.

    Una cosa es tener la autoridad, a través del oficio que se posee, para imponer las manos sobre un enfermo y otra cosa es sanarlo. El hombre puede poseer la autoridad y no el poder.

    Por qué se debe regular la autoridad del sacerdocio

    La autoridad del sacerdocio es algo que se debe regular y, como al mar, imponerle límites antes de que pueda obtenerse y ejercerse el poder. La autoridad incluye la facultad para mandar. Se manda sobre la enfermedad, se manda sobre el mar, se manda también sobre otros hombres. De acuerdo con el oficio que un hombre posea, puede recibir llamamientos, que son funciones acordes con la autoridad que se posee. Y esos llamamientos pueden involucrar el presidir y dirigir a otros. Los llamamientos son facultades más bien pequeñas y limitadas, pero a algunos la más escasa autoridad se les sube a la cabeza. A este ejercicio desproporcionado de la autoridad se le conoce como injusto dominio y nos expulsa de inmediato del favor de Dios.

    39 Hemos aprendido, por tristes experiencias, que la naturaleza y disposición de casi todos los hombres, en cuanto reciben un poco de autoridad, como ellos suponen, es comenzar inmediatamente a ejercer injusto dominio.

    40 Por tanto, muchos son llamados, pero pocos son escogidos.

    (Doctrina y Convenios 121:39–40)

    Cuando un hombre ejerce injusto dominio pierde de manera inmediata el poder del sacerdocio que hubiera podido alcanzar si hubiera actuado de manera justa. Creyendo que hace crecer su autoridad, ha perdido su poder. Tarde o temprano él notará que está gastando demasiados esfuerzos en hacer valer su autoridad y que, aunque su autoridad se refuerza, su influencia se pierde. Es preciso entonces la adquisición de la doctrina del sacerdocio para restablecer el equilibrio.

    21 No intentes declarar mi palabra, sino primero procura obtenerla, y entonces será desatada tu lengua; luego, si lo deseas, tendrás mi Espíritu y mi palabra, sí, el poder de Dios para convencer a los hombres.

    (Doctrina y Convenios 11:21)

    Los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo y no pueden ser gobernados ni manejados sino de acuerdo con los principios de rectitud. Algunos de estos principios de rectitud se reseñan en la sección 121 de Doctrina y Convenios.

    41 Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero;

    42 por bondad y por conocimiento puro, lo cual ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia;

    43 reprendiendo en el momento oportuno con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo; y entonces demostrando mayor amor hacia el que has reprendido, no sea que te considere su enemigo;

    44 para que sepa que tu fidelidad es más fuerte que los lazos de la muerte.

    (Doctrina y Convenios 121:41–44)

    Cómo magnificar el sacerdocio

    Entonces, en lugar de gastar esfuerzos e invertir recursos en reforzar la autoridad, conviene gastar esos esfuerzos e invertir recursos en el conocimiento de la doctrina del sacerdocio y en el ejercicio de los principios de rectitud que son, en realidad, atributos cristianos que nos acercan al carácter y naturaleza de Jesucristo. De esta manera, el poseedor del sacerdocio será reconocido en el ejercicio de su llamamiento y encontrará que obtiene “el poder de Dios para convencer a los hombres” y el poder para mandar sobre las enfermedades, sobre los conflictos, sobre los disturbios, sobre la vida misma. Y aún sobre el mar.

    18  Y Jesús reprendió al demonio, y éste salió del muchacho, y quedó sano desde aquella hora.

    19  Entonces, los discípulos se acercaron a Jesús aparte y dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

    20  Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

    21  Pero este género no sale sino con oración y ayuno.

    (Nuevo Testamento | Mateo 17:18–21)

    El tener autoridad a través de un oficio en el sacerdocio o de una función dentro del mismo (un llamamiento) no es suficiente. El hombre puede conformarse con coleccionar oficios y llamamientos, pero esto no le garantiza conocer y comprender a Dios, que es en lo que consiste la vida eterna, porque la obtención de oficios y llamamientos no le garantiza la adquisición del poder de Dios y sin ese poder es imposible conocerlo o comprenderlo. Así que por muchos oficios y llamamientos que un hombre posea, se encuentra en peligro de perder la vida eterna. Es preciso que el hombre elimine los límites que supone el crecimiento “normal” dentro de la Iglesia, se sacuda el conformismo y busque el orden y consejo de Dios. Si alguna vez nos preguntamos por qué, dentro de nuestros variados llamamientos, ejercemos solamente una influencia limitada recordemos el consejo que el Salvador también dio a sus discípulos:

    4  Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

    5  Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer.

    6  El que en mí no permanece será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los recogen y los echan al fuego, y arden.

    Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho.

    8  En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos.

    (Nuevo Testamento | Juan 15:4–8)

    Poder sin fin

    Y entonces podremos alcanzar el mismo poder alcanzado no por el miembro “convencional” o “normal” de la Iglesia, sino por los verdaderos discípulos de Jesucristo en todos los tiempos, aquellos que siguen el modelo del Salvador incorporando en su naturaleza y carácter los principios de rectitud y todas las virtudes cristianas para ser más parecidos a él. Se necesita conocer esas virtudes, por medio de la adquisición de la doctrina del sacerdocio, adquirida tanto por el estudio como por revelación personal y directa a nuestro espíritu:

    6 Por tanto, escudriñamos los profetas, y tenemos muchas revelaciones y el espíritu de profecía; y teniendo todos estos testimonios, logramos una esperanza, y nuestra fe se vuelve inquebrantable, al grado de que verdaderamente podemos mandar en el nombre de Jesús, y los árboles mismos nos obedecen, o los montes, o las olas del mar.

    7 No obstante, el Señor Dios nos manifiesta nuestra debilidad para que sepamos que es por su gracia y sus grandes condescendencias para con los hijos de los hombres por las que tenemos poder para hacer estas cosas.

    8 ¡He aquí, grandes y maravillosas son las obras del Señor! ¡Cuán inescrutables son las profundidades de sus misterios; y es imposible que el hombre descubra todos sus caminos! Y nadie hay que conozca sus sendas a menos que le sean reveladas; por tanto, no despreciéis, hermanos, las revelaciones de Dios.

    (Libro de Mormón | Jacob 4:6–8)

    Y una vez que entendamos los límites del mar podremos comprender y apreciar la magnitud del poder ilimitado de los cielos. Y podremos adquirir ese poder.