3 poderosas razones para desear ser un lamanita

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    tres poderosas razones para desear ser un lamanita

    Hace ya varios años, durante una clase de la Escuela Dominical, escuché a un hermano decir, con cierta indignación, que nosotros no éramos lamanitas y que no debiamos expresarnos de los latinos en esta forma. Aunque posteriormente corrigió por sí mismo sus puntos de vista, su aseveración me fue tema de reflexión por varios días, durante los cuales escribí esta carta, que con un abrazo le entregué después.

    Una defensa de nuestra identidad como lamanitas

    Estimado hermano:

    Hace unos días, en la sesión de Escuela Dominical sobre el Libro de Mormón, le escuché decir que nosotros (los miembros latinos de la Iglesia) no somos lamanitas. Aparentemente su aseveración está basada en la noción de que “lamanitas” era un vocablo con el que se designaba a los inicuos en el Libro de Mormón. Quisiera que me permita acudir a las Escrituras por un breve momento para ayudarle a corregir estos puntos.

    1 Primero, en relación de la palabra “lamanitas” con la iniquidad. Es cierto que en algunas épocas de la historia del Libro de Mormón “lamanitas” era la forma generalizada de nombrar a quienes eran enemigos de la causa de Dios. Sin embargo, también es cierto que hubo otras épocas en esta misma historia en que los lamanitas, como pueblo, fueron considerados más justos que los nefitas mismos.

    Es equivocado relacionar estrechamente a los lamanitas con la iniquidad, ya que esto fue variable y en ocasiones fueron aún más justos que los nefitas.

    Por ejemplo, Jacob, el hermano de Nefi, les alabó por su obediencia a la ley de castidad, Ammón elogió la fidelidad apabullante de los lamanitas convertidos al evangelio y como resultado de la predicación de Ammón y sus hermanos los lamanitas crecieron en justicia hasta sobrepasar a los nefitas poco antes de la venida de Cristo. Es precisamente como resultado de esta justicia que se extendió el llamamiento como profeta a un lamanita, Samuel. Cuando decimos “Samuel el lamanita” no estamos significando “Samuel, el inicuo”, sino que estamos hablando de un lamanita convertido al evangelio, al que recordamos por su fidelidad y su justicia. Hay que recordar que precisamente designamos como “los dos mil lamanitas” a un grupo de jóvenes fieles por mano de quienes el Señor obró grandes milagros. Por lo tanto, es equivocado relacionar estrechamente a los lamanitas con la iniquidad, ya que esto fue variable y en ocasiones fueron aún más justos que los nefitas.

    2 Segundo, en cuanto a nuestra identidad como lamanitas. En la portada del Libro de Mormón, escrita por Moroni, se establece que el Libro de Mormón está destinado a los lamanitas. Como sabemos, el Libro de Mormón no fue escrito para el pueblo de la antigüedad, sino para un pueblo futuro. Si los lamanitas no existiesen en la actualidad, entonces, ¿a quién estaría dedicado el libro? Más aún, en el Libro de Mormón se establecen gloriosas promesas para los lamanitas, a quienes identifica como un resto de la casa de Israel y, por lo tanto, herederos de las promesas hechas a Abraham. Nefi profetiza con mucho detalle en cuatro capítulos (1 Nefi 11-13)  la historia de los lamanitas como pueblo futuro a su época, incluso la llegada de Cristobal Colón a América, la conquista, el establecimiento de Estados Unidos como nación gentil, la restauración de la Iglesia y la predicación del evangelio por parte de los gentiles al pueblo lamanita. Además de estas promesas que se hacen en el Libro de Mormón, muchos profetas modernos, entre los que yo creo que se destaca especialmente Spencer W. Kimball, han hecho promesas proféticas al pueblo lamanita. El punto, pues, es que si nosotros no somos lamanitas estas promesas no serían para nosotros, lo cual sería lamentable, pero el presidente Spencer W. Kimball las aplicó especialmente a los mexicanos (en dos discursos notables que dio en 1971, en la Ciudad de México y en en Monterrey) y a los latinoamericanos, en una gira que hizo por toda Latinoamérica en ese mismo año.

    En resumen, si no fuésemos lamanitas, el Libro de Mormón estaría dedicado a otro pueblo, porque se dice en él que está dedicado explícitamente a los lamanitas, las promesas que vienen en él no serían para nosotros, como tampoco las de los profetas modernos, y no seríamos parte de Israel ni descendientes de José. Afortunadamente, los profetas modernos nos han identificado como lamanitas y estas promesas se aplican directamente a nosotros.

    3 Un último punto de consideración es el significado preciso de la palabra “lamanitas”, pues tendemos a considerar que se habla únicamente de los descendientes de Lamán y Lemuel. En realidad, durante el periodo de historia que relata el Libro de Mormón se observa una mezcla compleja entre lamanitas, lemuelitas, mulekitas, zoramitas y nefitas. Se puede asegurar que los lamanitas ya no eran una raza pura al momento de la venida de Cristo, ni al momento de que Moroni oculta el Libro de Mormón. Actualmente se designa como lamanitas a los descendientes de todos estos pueblos. El color oscuro de los primeros nativos americanos se debe precisamente a la ascendencia lamanita entre nosotros, pero esta no es una ascendencia directa. Es por ello que en las bendiciones patriarcales entre los lamanitas no sólo se ha identificado a descendientes de Manasés, sino también de Efraín y de Judá.

    Conclusión

    Es importante, pues, que nosotros los latinos nos reconozcamos como lamanitas para reclamar sin duda alguna las promesas proféticas que se han hecho sobre nosotros. Los latinos, y en especial, los mexicanos, somos lamanitas, y esto es lo que da sentido a los escritos que se han hecho sobre los lamanitas en la literatura de la Iglesia, lo que ha dado origen incluso a libros completos, como “El Lamanita Mestizo”, del Dr. Benjamín de Hoyos.

    Le invito a considerar para su estudio personal y crecimiento en el evangelio los argumentos anteriores así como los pasajes que, a modo de ejemplo, le anexo a continuación. Le dejo mi abrazo personal con mucho cariño, tanto para usted como para su esposa y su agradable familia. Que el poder del Señor descanse sobre ustedes. En el nombre de Jesucristo. Amén.

    Listado de Versiculos: Nuestra identidad como lamanitas

     

     

    El Libro de Mormón está escrito para los lamanitas de la actualidad

    El libro de Mormón está dirigido especialmente a los lamanitas

    Portada del Libro de Mormón, párrafos 1 y 2

    Enós y otros profetas nefitas oraron para que los lamanitas poseyeran lo que hoy es el Libro de

    Mormón

    Enós 1:11-18

    El Libro de Mormón responde a las oraciones de los profetas sobre los lamanitas actuales

    DyC 10:46-48

    El Libro de Mormón se preservó con el propósito de llegar al conocimiento de los lamanitas

    DyC 3:18-20

    El Libro de Mormón llegará a los lamanitas por medio de los gentiles convertidos

    DyC 19:26-27

    El evangelio predicado a los lamanitas

    Oliver Cowdery es designado a una misión entre los lamanitas

    DyC 28:8

    La ciudad de Sión sería establecida “en las fronteras, cerca de los lamanitas”

    DyC 28:9

    Otra mención a “las fronteras de los lamanitas”

    DyC 54:8

    Con el vocablo “lamanitas” José Smith hacía referencia a los indios, y la frase “en las fronteras cerca de los lamanitas” (vers. 9) es una referencia a la frontera que dividía las poblaciones de los blancos de las tierras indígenas . Aunque Independence estaba bastante poblada, cuando los misioneros llegaron a ella sólo hacía cuatro años que había sido organizada como ciudad fronteriza. 

    Manual de Instituto de Doctrina y Convenios, manual para el alumno, Notas y Comentario sobre DyC 28:9, pág. 56

    Ubicación precisa de la ciudad de Sión

    DyC 57:1-2; 

    Peter Whitmer acompañaría a Oliver Cowdery a la misión entre los lamanitas

    DyC 30:6

    Parley P. Pratt y Ziba Peterson debían ir con Oliver Cowdery a la misión entre los lamanitas

    DyC 32:1-3

    Promesas proféticas para los lamanitas de la actualidad

    Los lamanitas deben “florecer como la rosa” antes de la Segunda Venida

    DyC 49:24

    El presidente Spencer W. Kimball ha hablado y escrito mucho sobre nuestra época, señalándola como el “día” de los lamanitas. 

    “El pueblo lamanita está aumentando en número e influencia. Cuando los navajos regresaron del Fuerte Sumner, en el estado de Nuevo México, después de un cautiverio devastador, quedaban solamente 9,000; ahora hay más de 100,000. En el mundo hay casi 130 millones de lamanitas que están llegando a ser responsables y políticamente activos en las comunidades donde residen; sus empleos y nivel de vida mejoran día a día. 

    “La Iglesia ha sido establecida entre ellos y continuará aumentando; hay en la actualidad más de 350,000 lamanitas que son miembros de la Iglesia, asisten fielmente a sus reuniones y tienen el sacerdocio; hay entre ellos presidentes de rama, líderes de quórum, obispos, presidentes de estaca y líderes en todos los aspectos de la obra; están asistiendo al templo y recibiendo las ordenanzas necesarias para su exaltación; son inteligentes y son un pueblo importante y bendecido . . .

    “Los lamanitas deben alzarse nuevamente en dignidad y fortaleza para unirse con sus hermanos de la familia de Dios a fin de llevar adelante su obra, de prepararse para el día en que el Señor Jesucristo regrese a dirigir a su pueblo, en que comience el Milenio, que la tierra sea renovada y reciba su gloria paradisíaca y sus naciones estén unidas para ser una sola. Porque los profetas han dicho: 

    ” ‘Por lo tanto, el resto de la casa de José se establecerá en este país; y será la tierra de su herencia; y levantarán una ciudad santa para el Señor, semejante a la Jerusalén antigua; y no serán confundidos más, hasta que llegue el fin, cuando la tierra será consumida’ (Éter 13:8). “Y esto se cumplirá . ” (“Caminaremos por la misma senda”, Liahona, enero de 1977, págs. 1-3 . )

    Manual de Instituto de Doctrina y Convenios, manual para el alumno, Notas y Comentario sobre la sección

    32, pág. 63