Isaac llegó a ser un hombre próspero en la tierra de Canaán.
Isaac llegó a ser un hombre próspero en la tierra de Canaán.

Es poco lo que la Biblia nos relata acerca de Isaac, pero Génesis 26 nos da indicios sumamente significativos sobre su vida. A pesar del hambre existente en Gerar, Isaac recibe el mandato divino de aposentarse en esa tierra, bajo los dominios de Abimelec,[1] rey de los filisteos, ocasión que Dios aprovecha para renovar con Isaac la parte del convenio de Abraham que tiene que ver con la promesa de la tierra. Isaac es obediente y se queda en Gerar (Génesis 26:1–6). Allí, se ve obligado a utilizar la estratagema utilizada anteriormente por Abraham para proteger a la bella Rebeca en esa tierra (Génesis 26:7–11). A causa de su obediencia al convenio hecho con Dios, Isaac es prosperado en la tierra y aunque despierta los recelos de los habitantes debido a su prosperidad, finalmente es bendecido (Génesis 26:12–23). Tras un tiempo en que Isaac persevera en su fidelidad y obediencia, Dios ratifica con él la plenitud del Convenio Abrahámico. Este pasaje, Génesis 26:24–25, es importante porque es la continuidad del convenio prometido a Abraham, de que en su descendencia todas las naciones serían bendecidas. Es significativo que Isaac no adquiere el derecho al convenio de Abraham sólo por su nacimiento, sino que es probado en su dignidad y obediencia.

Isaac se mueve dentro del territorio y prospera a tal grado que llamó la atención de Abimelec, “rey de los filisteos” y de esa tierra, quien le visita junto con el capitán en jefe de sus ejércitos y realiza un acuerdo de paz con Isaac (Génesis 26:26–33). En conmemoración de ese día, en el cual también es hallada el agua preciada en un pozo recién abierto, Isaac llama Seba al lugar donde todo esto ocurrió, de donde el nombre de la ciudad derivó a Beerseba, y este es el origen de este nombre.

Los versículos finales (Génesis 26:34–35) son breves pero con un mensaje relevante y contrastante acerca del carácter de Esaú, hijo de Isaac, quien toma dos esposas de entre los heteos, pueblo pagano y de costumbres idólatras.[2] En otras palabras, Esaú, se casa fuera del convenio, por lo que sigue alejándose por elección propia de las bendiciones del convenio de Abraham. Recordarás que ya habíamos visto la forma en que Esaú tomaba a la ligera y despreciaba los convenios y mandamientos de Dios cuando leíste Génesis 25:19–34.

Bibliografía y notas finales


  1. Nota que Abimelec, aunque es tratado como nombre propio, es un título de gobierno y no un nombre personal.  ↩
  2. El sacerdocio, esencial para el cumplimiento del convenio de Abraham, no podía ser transmitido por el linaje cananeo. Esaú sabía con seguridad esto, pero no le brindó importancia.  ↩

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