Jacob reconoció el lugar donde había visto a Dios como un templo: Casa de Dios y puerta del cielo.
Jacob reconoció el lugar donde había visto a Dios como un templo: Casa de Dios y puerta del cielo.

En Génesis 28, secundando la inquietud de Rebeca y siguiendo la inspiración de Dios, Isaac manda a Jacob no casarse con las mujeres heteas, ya que estas eran descendientes de Canaán, a cuya descendencia se había impedido transmitir el sacerdocio. La posesión del sacerdocio era esencial para el cumplimiento de todas las bendiciones del Convenio de Abraham. De manera que Isaac envía a Jacob a Harán y le bendice. Observa con atención el lenguaje de esta bendición, que es una clara referencia al convenio abrahámico (Génesis 28:1–5). Esaú llega a saber de estas palabras, lo cual le fuerza a comenzar una reflexión sobre las repercusiones que había tenido su conducta (Génesis 28:6–9).

Que Jacob era la persona precisa que debió recibir la bendición de la primogenitura y para ser el transmisor del convenio es ratificado por Dios a través de una experiencia sagrada que tuvo Jacob en camino a Padan-aram. El pasaje es conocido como “la escala de Jacob” debido a que en él Jacob vio en un sueño una escalera que ascendía directamente a Dios. En esta impresionante visión, Dios ratifica que las bendiciones del convenio de Abraham serían transmitidas en Jacob. Reconociendo el lugar como un templo (casa de Dios y puerta del cielo), Jacob llama al lugar Bet-el, que significa “casa de Dios” y promete al Señor los diezmos de todo aquello con que sea prosperado durante su estancia en Padan-aram.

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