Génesis 34 muestra las fatales consecuencias a que puede conducir la ira.
Génesis 34 muestra las fatales consecuencias a que puede conducir la ira.

Génesis 34 refiere un desagradable episodio ocurrido durante la estancia de Jacob en Sucot. Mientras establecía relaciones de amistad con las lugareñas, Dina, la única hija de Jacob fue violada por Siquem, hijo de Hamor, uno de los principales de la tierra. El joven, sin embargo, se enamoró de Dina y trató de obrar bien posteriormente, conquistándola y procurando enmendar su hecho con una propuesta de matrimonio. Empero, los hijos de Jacob, llevados por la ira, tramaron una venganza. Primeramente, fingieron aceptar la propuesta e instaron a Siquem a circuncidarse como señal de la unión. Si pensaban que Siquem y Hamor rechazarían la condición por ser cananeos, se equivocaron. No sólo Siquem se circuncidó, sino también todo su pueblo. Hay que tomar en cuenta que, aunque esta era una aceptación plena de la condición impuesta por los hijos de Jacob, también pudo ser una sutil estrategia para quedar identificados con los israelitas y quedarse con toda su propiedad[9].

El desenlace de esta historia fue una tragedia total. Cuando el pueblo de Hamor estaba inutilizado por los efectos de la circunsición, Simeón y Leví, a escondidas de Jacob y obrando por su cuenta, cayeron sobre ellos con su ejército y mataron a todo el pueblo. Jacob reprendió duramente a Simeón y Leví por esta acción, pues fue deshonesta y puso, de hecho, a Jacob y sus hijos en peligro, exponiéndoles a una posible venganza por parte de los habitantes de Canaán. Gracias a la intervención de Dios, los israelitas fueron librados después de esta posibilidad (ver Génesis 35:5), pero la transgresión de Simeón y Leví se les tomó en cuenta al momento de recibir su bendición patriarcal (Génesis 49:5–7).

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