José y la mujer de Potifar
José resistió con valor los avances de la mujer de Potifar.

En Génesis 39 retomamos el relato de José donde lo dejó el capítulo 37 de Génesis. José ha sido vendido a Potifar, jefe de la guardia de Faraón, ha sido nombrado mayordomo de su casa y se desempeña de manera excelente, de modo que se le delegan todas las funciones de la casa (Génesis 39:1–6). La escritura dice que “Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José” (Génesis 39:5).

Todo sería perfecto si no fuera que su belleza física llama la atención de la esposa de Potifar, mujer evidentemente licenciosa y acostumbrada a tener lo que desea. La respuesta de José ante sus continuas invitaciones es un clásico del autodominio y se ha convertido en escritura de dominio de la doctrina del SEI, por lo que te vendrá bien aprenderla de memoria (Génesis 39:9). Sin embargo, las negativas de José a someterse a los deseos de la esposa de Potifar sólo le incitan y llevan a un desenlace en el cual José tiene que huir, dejando toda o parte de su ropa en manos de la esposa de Potifar quien, al verse con una evidencia y sin testigos (Génesis 39:7–12), presenta un falso testimonio en contra de José para vengarse por su continuo rechazo.

José es llevado a la cárcel a causa del falso testimonio pero, aún allí, es prosperado por Dios a causa de su dignidad y diligencia, de modo que se convierte al poco tiempo en encargado de la prisión, con autoridad sobre los presos y los asuntos de la cárcel, bajo la supervisión directa del jefe de la prisión. Las palabras finales de Génesis 39 son sumamente significativas: “Jehová estaba con él, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba”. (Génesis 39:23)

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