El ser ortodoxo, o sea, vivir verdaderamente la religión, trae seguridad y felicidad. No es sólo corrección sino felicidad. Por extraño que parezca, hasta la palabra ortodoxia ha llegado a disgustar a algunos. Al ir volviéndose la sociedad cada vez mas excéntrica, unos cuantos se apresuran a oponerse estridentemente a la ortodoxia.
Recordemos que, al ser perseguidos por el furioso ejercito del Faraón, los del antiguo Israel se apegaron a las instrucciones del Señor. Moisés extendió la mano y las aguas del Mar Rojo se separaron. Con las enormes montañas de agua a cada lado, Israel avanzó por el estrecho pasaje abierto en el mar con obediencia, y, sin duda, a toda prisa. En aquel momento no hubo necesidad de advertir al pueblo que no debía desviarse.
(1992, octubre, Neal A. Maxwell, ‘“Resolved esto en vuestros corazones”,’ Liahona, noviembre 1992 ¶ 29–30)