¿Por qué el primer milagro de Jesús fue convertir agua en vino?

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    El siguiente es un extracto que traduzco para tí del libro de Anthony Sweat “Christ in Every Hour” (Cristo en cada hora), con respecto al primer milagro de Jesús, o “principio de milagros”, tal como lo denomina el apóstol Juan, consistente en la conversión del agua en vino. – Juan Pablo Marichal.


    En la primera lectura, el primer milagro registrado de Jesús puede parecer un poco trivial. En una fiesta de bodas en Caná de Galilea, el Señor convirtió el agua sucia en vino festivo. En comparación con sus milagros posteriores que fueron profundamente conmovedores (limpiar la lepra, sanar a los ciegos, resucitar a una joven de la muerte), este milagro, que aparentemente no logró nada más que asombrar a algunos siervos y avivar aún más una fiesta, parece casi inferior a él.

    Sin embargo, allí está Él, concediendo la petición de su madre para que divinamente provea vino en una fiesta. De todos los milagros que Jesús pudo haber hecho, ¿por qué hizo de esta solicitud intrascendente la primera exhibición pública de su poder? ¿Por qué no hacer algo, francamente, más significativo? Sin embargo, cuanto más reflexiono sobre el milagro del agua para el vino, más lo veo como el más apropiado “principio de milagros” (Juan 2:11) del cual Jesús podría habernos enseñado el propósito último de su vida, misión y poder divino.

    Era costumbre en la tradición judía que una persona se lavara las manos antes de comer (véase Marcos 7:3, Lucas 11:37-38), y que aquello que la ley de Moisés consideraba “inmundo” (por sangrado, lepra o enfermedad), todo lo que se toca sin manos limpias también se consideraba inmundo: “Y todo aquel a quien toque [lo que considerase impuro la ley de Moisés] y no lave con agua sus manos… impuro” (Levítico 15:11).

    Por lo tanto, los judíos observantes se lavaban ceremoniosamente las manos antes y después de la mayoría de las actividades, incluso antes de comer en una fiesta o una boda. Las seis grandes ollas de agua que, presumiblemente, estaban a la puerta de la boda en Caná, estaban allí para que los asistentes se lavaran las manos “a la manera de la purificación de los judíos” (Juan 2:6), así serían tanto física y ritualmente limpios. Huelga decir que, aunque las ollas contenían mucha agua, dos o tres cántaros cada una según Juan (aproximadamente de 100 a 150 galones en total), después de docenas de lavados ceremoniales de manos, esos no eran recipientes de los que uno querría beber, mucho menos verter el vino de la fiesta.

    Sin embargo, Jesús eligió esas ollas de agua sucias y llenas de bacterias, para este milagro, y les pidió a los sirvientes que las llenaran hasta el borde. Usando su poder divino, convirtió el agua de aquellos vasos inmundos en el mejor vino de la noche (ver Juan 2:10). Y ahí radica la lección celestial: Jesús usó el milagro de convertir el agua en vino para enviar el mensaje profundo de que tenía el poder de cambiar la naturaleza misma de las cosas: transformar no solo el estado de los líquidos, sino también el estado de las vidas.

    “¿No lo ves?”, Él podría haber dicho a los sirvientes sorprendidos después: “Puedo tomar cosas sucias y hacerlas limpias”. Puedo tomar elementos cotidianos y hacerlos excepcionales. Puedo tomar las cosas en mis manos y cambiarlas. Y si vienes a mí, puedo hacer lo mismo por ti. Puedo llevarte y transformarte de una persona natural en un santo celestial. Por eso estoy aquí. Eso es lo que tengo poder para hacer “. Ahora, díganme si ese no es un gran primer milagro después de todo.

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    1. 6.Tinajuelas para purificaciones ceremoniales.—En la casa donde se hizo la fiesta en Cana se hallaban en un lugar especialmente reservado, seis tinajuelas de piedra para agua, “conforme a la purificación de los judíos”. En los hogares judíos se proveían receptáculos con agua, por orden prescrita, a fin de facilitar las purificaciones ceremoniales exigidas por la ley. De estas tinajuelas se tomaba el agua según se necesitaba; eran depósitos para abastecimiento de agua, no vasos que se usaban para la purificación misma. James E Talmage

      • Muchísimas gracias por tu contribución. ¡Este es el tipo de comentario con que quisiera que aportaran todos los lectores! Es enriquecedor y nos aporta más luz, y agregaste una gran fuente de documentación: las palabras del élder Talmage. Gracias.

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