Cómo explicar el bautismo por los muertos con base en la Biblia

En este artículo procuraré colocar en secuencia fácil de explicar los pasajes de la Biblia que justifican la práctica actual del bautismo por los muertos.

En este artículo procuraré describir los pasajes de la Biblia que justifican la práctica actual del bautismo por los muertos.

Cuando me preguntan a este respecto, me gusta seguir una secuencia de pasajes precisa que describen esta práctica en la Iglesia Primitiva y la razón por la que se realizaba entre ellos. Esta secuencia no comienza con 1 Corintios 15:29, que menciono más bien hasta el final, sino que inicia con la parábola del rico y Lázaro.

La descripción de Jesucristo sobre el mundo de los espíritus

En la Biblia, en Lucas 16:19-31, se encuentra una parábola conocida como la parábola del rico y Lázaro. Aunque el objeto de la parábola es enseñar sobre la generosidad y la misericordia, Jesucristo usó en ella elementos que eran conocidos a su audiencia. De esta manera, observamos allí descripciones sobre el mundo de los espíritus. Analicemos la parábola desde esta perspectiva.

Introducción de la parábola del rico y Lázaro (Lucas 16:19-21)

Jesucristo comienza con introducir a los personajes de su parábola y sus características. Nos plantea el contraste entre dos personajes.

19 Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez.

 20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas,

 21 y deseaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; aun los perros venían y le lamían las llagas.

Lo que hay después de la muerte

Inmediatamente después, Jesucristo nos plantea la situación crítica del relato. Comienza cuando ambos personajes mueren, de manera que el relato se concentra en lo que hay después de la muerte:

22 Y aconteció que murió el mendigo y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico y fue sepultado.

23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

Vemos que Jesucristo habla sobre dos partes allí, “el seno de Abraham”, en otras escrituras llamado paraíso, y un lugar de tormento que se menciona como “el Hades” y que, sin mucho esfuerzo, podríamos identificar también como “la cárcel espiritual”. Y ambos lugares estaban “lejos” uno del otro, separados entre sí.

Resumiendo:

  • El rico se encuentra en el Hades o cárcel espiritual.
  • Lázaro se encuentra en el paraíso o seno de Abraham, con este personaje, con Abraham
  • Ambos lugares, la cárcel espiritual y el seno de Abraham se encuentran separadas entre sí.

El medio de separación se nos describe más adelante.

La conversación del rico con Abraham

El rico, al darse cuenta de las consecuencias que han tenido sus decisiones, clama a Abraham, suplicándole por misericordia:

 24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.

25 Y le dijo Abraham: Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, por su parte, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú eres atormentado.

26 Y además de todo esto, hay un gran abismo entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá.

Abraham le responde al rico con un recordatorio sobre el principio de la justicia. Es justo que el rico sea atormentado por su egoísmo, en tanto que el pobre es ahora consolado. Pero, volviendo a nuestro tema, ¡aquí tenemos el medio de separación entre ambos lugares! Abraham señala que existe un gran abismo, al parecer infranqueable, de manera que no hay intercambio entre ambos sitios. Para este punto, ya podemos hacer un diagrama de la situación que en ese momento reinaba en el mundo de los espíritus:

Cómo explicar el bautismo por los muertos con base en la Biblia

Como verás, este diagrama es congruente con la descripción de Lucas 16, y representa la situación que existía en el mundo de los espíritus en el momento en que Jesús estaba relatando esta parábola. Sin embargo, esa situación no habría de ser permanente.

Jesucristo también visitó el mundo de los espíritus

Con respecto a lo que sucedió con Jesucristo entre su muerte y su resurrección, debemos hacer una puntualización rápida. Existe el pensamiento común de que cuando morimos “vamos al cielo”. En realidad, esta no es la enseñanza de la Biblia. El modelo que podemos observar, por supuesto, es Jesucristo. Así que veamos lo que con él sucedió.

Cuando Jesucristo resucitó, le especificó claramente a María Magdalena dónde no había estado:

17 Jesús le dijo:  No me toques, porque aún no he subido a mi Padre (Nuevo Testamento, Juan 20:17)

Así que, por las palabras de Jesús a María Magdalena, sabemos que Jesús no estuvo en los cielos, es decir, en la presencia del Padre Celestial, durante esos días. ¿En dónde estuvo entonces?

Cuando Jesús estaba sobre la cruz, le reveló a uno de sus compañeros de crucifixión su destino:

43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Nuevo Testamento, Lucas 23:43)

De manera que podemos decir, con total seguridad, que durante esos tres días, Jesucristo visitó en el mundo de los espíritus el paraíso, el lugar que en la parábola del rico y Lázaro se menciona como el seno de Abraham. Jesucristo no fue directamente a los cielos, sino que visitó primero el mundo espiritual. Jesucristo no ascendió a los cielos sino hasta después de su resurrección (Juan 20:17), y eso es lo mismo que sucede con nosotros.

Jesucristo organizó la predicación del evangelio en el mundo de los espíritus

Más adelante, también en la Biblia, el apóstol Pedro describe lo que Jesucristo hizo durante los tres días en que su espíritu estuvo separado de su cuerpo. Pedro recapitula el episodio diciendo que Jesucristo fue «a la verdad, muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu». Es decir, que su espíritu siguió vivo después de separarse de su cuerpo. Entonces dice que «en el cual» (todavía está hablando del espíritu) también fue y predicó a los espíritus encarcelados. Los «espíritus encarcelados» son los que estaban en el lugar de tormento descrito por Lucas 16, en la parábola del rico y Lázaro. Por fin, se estaba organizando una predicación del evangelio para ellos. Jesucristo, «en el espíritu» organizó una predicación del evangelio para los «espíritus encarcelados» (ver 1 Pedro 3:18-20).

18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu;
19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,
20 los que en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, a saber, ocho, fueron salvadas por agua.
21 El símbolo de la cual corresponde al bautismo que ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la petición de una buena conciencia ante Dios) por la resurrección de Jesucristo,
(Nuevo Testamento, 1 Pedro 3:18–21 • NT, p. 1946)

Este es, precisamente, el pasaje en el cual estaba reflexionando el presidente Joseph F. Smith cuando recibió la revelación que ahora está en la sección 138 de Doctrina y Convenios. El presidente Joseph F. Smith obtuvo una visión en la que vio cómo Jesucristo era recibido en el mundo de los espíritus en medio de una extraordinaria y bellísima reunión, cómo es que los espíritus le estaban esperando anhelosamente, porque sabían que Jesucristo iba a facilitar su resurrección. El presidente Smith también pudo observar cómo es que Jesucristo organizó allí las fuerzas de los justos para que predicaran el mensaje de salvación en la prisión espiritual.

29 Y en mi admiración, fueron abiertos mis ojos y se  vivificó mi entendimiento, y percibí que el Señor no fue en persona entre los inicuos ni los desobedientes que habían rechazado la verdad, para instruirlos;

30 mas he aquí, organizó sus fuerzas y nombró mensajeros de entre los justos, investidos con  poder y autoridad, y los comisionó para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en  tinieblas, es decir, a  todos los espíritus de los hombres; y así se predicó el evangelio a los muertos;

31 y los mensajeros escogidos salieron a declarar el día  aceptable del Señor, y a proclamar la  libertad a los cautivos que se hallaban encarcelados; sí, a todos los que estaban dispuestos a arrepentirse de sus pecados y a recibir el evangelio.

32 Así se predicó el evangelio a los que habían  muerto en sus pecados, sin el  conocimiento de la verdad, o en transgresión por haber rechazado a los profetas.

33 A ellos se les enseñó la  fe en Dios, el arrepentimiento del pecado, el  bautismo vicario para la  remisión de los pecados, el  don del Espíritu Santo por la imposición de las manos,

34 y todos los demás principios del evangelio que les era menester conocer, a fin de habilitarse para que fuesen  juzgados en la carne según los hombres, pero vivieran en espíritu según Dios.

35 De modo que se dio a conocer entre los muertos, pequeños así como grandes, tanto a los inicuos como a los fieles, que se había efectuado la redención por medio del  sacrificio del Hijo de Dios sobre la  cruz.

(Doctrina y Convenios 138:29–35 • DyC, p. 336)

El bautismo que corresponde a la predicación del evangelio entre los muertos

El apóstol Pedro describió a continuación el lugar de la prisión espiritual, mencionando que los que murieron en el tiempo de Noé estaban en ella. Luego, continuó hablando sobre el diluvio como un símbolo de inmersión.

21 El símbolo de lo cual corresponde al bautismo que ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la petición de una buena conciencia ante Dios) por la resurrección de Jesucristo,
(Nuevo Testamento, 1 Pedro 3:21 • NT, p. 1946)

Este bautismo del que se habla aquí no es el bautismo de los vivos. Se trata de una ordenanza que no se realizaba en la carne, pero que aseguraba al espíritu la petición de una buena conciencia ante Dios, y que proporciona salvación a través de la resurrección de Jesucristo.

La predicación del evangelio a los muertos

Para despejar finalmente todas nuestras dudas, y asegurarnos que toda esta explicación se refiere a quienes ya se nos han adelantado por el velo, el apóstol Pedro concluye, en el capítulo siguiente:

6 Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos; para que sean juzgados en la carne según los hombres, pero vivan en el espíritu según Dios.
(Nuevo Testamento, 1 Pedro 4:6 • NT, p. 1947)

De esta manera, sabemos que la predicación del evangelio que se describe en los versículos anteriores se refiere a una predicación para los muertos y que el bautismo que también se menciona en los versículos anteriores tiene el propósito de que los muertos «sean juzgados en la carne según los hombres, pero vivan en el espíritu según Dios».

Algunos han dicho que el pasaje de 1 Pedro 4:6 simplemente se refiere a los pecadores (a los que están muertos en el pecado). Sin embargo, esa interpretación es forzada, y deja de ser congruente cuando consideramos el capítulo anterior (1 Pedro 3:18-21), ya que el apóstol Pedro sigue, en realidad, hablando sobre el mismo tema y expone ahora las consecuencias de la visita de Jesucristo al mundo espiritual tras de su muerte.

La ordenanza del bautismo por los muertos

Es una vez que comprendemos lo anterior que adquiere sentido el pasaje tan conocido en que Pablo menciona el bautismo por los muertos.

29 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?
(Nuevo Testamento, 1 Corintios 15:29 • NT, p. 1831)

Este pasaje indica que había, efectivamente y en congruencia con las palabras de Pedro, una ordenanza entre los primeros cristianos de la Iglesia Primitiva, en que se realizaba un bautismo «por y a favor» de las personas fallecidas, para extenderles los beneficios del bautismo de la misma manera en que se hace entre los vivos. Eso tiene sentido al considerar las palabras de Jesucristo a Nicodemo con respecto a la indispensabilidad del bautismo.

5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo que el que no  naciere de agua y del  Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. (Nuevo Testamento, Juan 3:5 • NT, p. 1673)

De manera que, a quienes no habían recibido un bautismo autorizado y correcto sobre la tierra, se les extendía la oportunidad a través de personas que actuasen como sus representantes y encontramos esto como una práctica cuya realización era bien conocida en la Iglesia Primitiva.

El objetivo de Pablo en el capítulo 15 es demostrar la realidad de la resurrección, así que clama «estamos realizando esta práctica, la del bautismo por los muertos, y ¿qué sentido tendría realizarla si los muertos no resucitaran?». Al igual que Pedro señaló, la ordenanza del bautismo por los muertos sólo puede salvar por medio de la resurrección de Jesucristo, la cual trajo para nosotros el beneficio de la resurrección universal. Es así que quienes hayan aceptado este bautismo serán «juzgados en la carne según los hombres, pero vivirán en el espíritu según Dios» y se les tomará como «la aspiración de una buena conciencia para Dios».

La práctica actual del bautismo por los muertos en la Iglesia de Jesucristo

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acudimos a los templos, en donde se ejerce un poder especial del sacerdocio que rebasa el de la muerte, para que quienes se nos han adelantado gocen de este beneficio y puedan escoger aceptar un bautismo, que nosotros les extendemos a manera de un regalo amoroso, como un obsequio libre, para quienes decidan aceptarlo. Aquellos que ya han recibido el bautismo por ellos mismos pueden ahora extender su beneficio a otros, actuando como sus representantes vicarios. El bautismo es igual al que se realiza por un vivo, pero se especifica que se realiza “por y a favor” de la persona fallecida, a fin de que, en el mundo de los espíritus, esta ordenanza le pueda ser contada como suya, a fin de que pueda recibir el perdón de los pecados y ser un candidato digno para una mejor resurrección.

40  Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los  celestiales, y otra la de los  terrestres.

41 Una es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las  estrellas, pues una estrella es  diferente de otra en  gloria.

42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en  corrupción, resucitará en incorrupción;

 43 se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder;

(Nuevo Testamento, 1 Corintios 15:40–43 • NT, p. 1831)

Esta ordenanza, una práctica común entre la Iglesia Primitiva, se ha restaurado en los últimos días para que podamos obrar a favor de nuestros familiares que han fallecido, a fin de ofrecerles la posibilidad de una mejor resurrección en gloria, como uno de los beneficios de la expiación de Jesucristo. Tal como explicó el élder Richard G. Scott, del Cuórum de los Doce Apóstoles:

“Toda obra que hagas en el templo es tiempo bien utilizado, pero recibir las ordenanzas en forma vicaria por alguno de tus antepasados hará el tiempo que pases en el templo más sagrado e incluso se recibirán bendiciones aún más grandiosas” (“El gozo de redimir a los muertos”Liahona, noviembre de 2012, pág. 94).

3 comentarios en “Cómo explicar el bautismo por los muertos con base en la Biblia”

  1. un Señor, una fe, un bautismo,
    Efesios 4:5

    Algunas personas podrían tratar de contradecir diciendo que no pueden haber dos bautismos; pero en realidad, es el mismo bautismo tanto para los vivos, como para los muertos.
    La siguiente cita lo demuestra:

    de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.
    Hebreos 6:2

    Dice «de la doctrina de bautismos» en plural, precisamente porque esta misma doctrina se aplica tanto a los vivos como a los muertos.

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