Jehú

Entérate en este artículo sobre la vida de Jehú, el rey de Israel que eliminó el culto a los Baales pero que conservó la idolatría en su corazón.

En la Biblia, Jehú era, inicialmente, el comandante del ejército del reino de Israel, pero los profetas Elías y Eliseo lo ungieron rey. A fin de consolidar su reino, procedió a eliminar a los miembros que quedaban de la familia de Ahab. Para fortalecer aún más su posición, Jehú también eliminó a los seguidores del culto a Baal, la creencia idólatra que la casa de Acab había promovido agresivamente. Los descendientes de Jehú gobernaron Israel durante cuatro generaciones.

Jehú fue ungido rey por los profetas de Dios

Elías había ungido a Jehú algún tiempo antes de que Eliseo enviara a un joven profeta para comisionarlo. El profeta declaró que Dios había elegido a Jehú para ser rey “sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel” (2 Reyes 9: 6). Luego, el profeta encargó específicamente a Jehú que acabara con la familia de Acab y pusiera fin a la adoración a Baal. Cuando Jehú comunicó las palabras del profeta a sus oficiales, éstos inmediatamente aclamaron a Jehú como rey. Jehú se embarcó de inmediato en la misión de Dios.

El rey Jehú no solo cumplió el mandato que había recibido de Dios, sino que también citaba las palabras del profeta para explicar sus acciones.

La eliminación del linaje de Acab

Para ascender al trono, Jehú se vio primero en la necesidad de derrocar al tirano gobernante, el hijo de Acab. Luego, atestigüo la muerte de Jezabel, la malvada eposa reina de Acab. Entonces Jehú ordenó la ejecución de los setenta hijos restantes de Acab por los jefes de familia con los que habían estado viviendo los setenta. Cuando los hijos murieron, Jehú anunció:

Sabed ahora que de la palabra de Jehová que habló sobre la casa de Acab nada caerá en tierra, y que Jehová ha hecho lo que dijo por medio de su siervo Elías. (Antiguo Testamento, 2 Reyes 10:10 • AT, p. 634)

Jehú puso fin a la adoración a Baal (2 Reyes 10: 18-28).

Luego, Jehú convocó a todos los adoradores de Baal a una conferencia en el templo de Baal en Samaria, la capital de Israel. Cuando todos se hubieron reunido, ordenó a los soldados que eliminaran a todos los devotos de la fe pagana. Entonces Jehú derribó el templo de Baal y lo convirtió en un montón de basura. “Así destruyó Jehú a Baal de Israel” (2 Reyes 10:28).

La obediencia y recompensa incompletas de Jehú

A pesar de la costumbre de Jehú de citar al Señor y de su celoso ataque contra la casa real de Acab y los adoradores de Baal, Jehú “no hizo caso de andar en la ley del Señor” (2 Reyes 10:31). En cambio, siguió las prácticas religiosas con motivaciones políticas establecidas por Jeroboam I.

Entonces Dios le habló a Jehú y le dijo que “porque has hecho bien en hacer lo recto ante Mis ojos” al llevar a cabo el juicio de Dios sobre la casa de Acab, “tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación”. (10:30). El hecho de que Jehú no se comprometiera completamente a sí mismo y a su pueblo con el Señor resultó en que parte del territorio cayera en manos de Siria.

Lo que aprendemos de Jehú, rey de Israel

Jehú parece un personaje desconcertante hasta que notamos una cosa importante. Fue celoso en llevar a cabo la voluntad de Dios, ¡siempre que los propósitos de Dios estuvieran en armonía con sus ambiciones! Si Jehú iba a establecer una dinastía propia, tenía que acabar con todos los descendientes de Acab alrededor de los cuales otros pudieran reunirse. Y, como los adoradores de Baal habían sido los partidarios más firmes de Acab, tenía sentido romper su poder e influencia de una vez por todas. Jehú citó a los profetas de Dios para justificar sus acciones. ¡Pero Jehú fue celoso de cumplir la palabra de Dios solo mientras la voluntad de Dios promoviera las metas de Jehú! Una vez que Jehú logró sus objetivos, dejó de tener interés en someterse al Señor, por lo que “no se ocupó de andar en la ley del Señor Dios” (2 Reyes 10:31). Como resultado, Jehú, como los que le precedieron, siguió conduciendo a Israel por el camino del desastre. ¿Qué podemos aprender de Jehú?

  • Jehú nos advierte del peligro de la obediencia egocéntrica. Debemos hacer la voluntad de Dios no porque se ajuste a lo que queremos, sino porque confiamos en Dios y estamos comprometidos a obedecerlo.
  • Jehú nos advierte que no tomemos a todos los que citan las Escrituras al pie de la letra. Debemos juzgar a las personas por su forma de vida, no simplemente por lo que dicen.
  • Jehú confirma la importancia de la completa obediencia. No debemos escoger entre las enseñanzas bíblicas que nos gustan y las que no. Las derrotas de Jehú después de que ganó su reino y se negó a caminar con el Señor nos recuerdan que las bendiciones continuas son posibles solo si permanecemos cerca del Señor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *