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La profecía de Abraham que se cumplió con Moisés

La profecía que revisamos en este artículo enlaza a dos personajes separados por siglos de distancia, pero unidos en el plan del Señor. Se trata de la profecía de Abraham que se cumplió por Moisés.

Una de las características que más emociona al leer las escrituras es contemplar la sabiduría y la presciencia de Dios. Presciencia es una de esas palabras domingueras que no utilizas mucho en tu conversación habitual, pero que cuando conoces su significado valoras mucho. Se trata de esa capacidad que tiene Dios para conocer las cosas por adelantado, incluso con siglos de anticipación. Y esa capacidad divina da origen a la profecía cuando el Señor decide compartir su conocimiento anticipado con la humanidad a través de sus comisionados especiales, los profetas.

La profecía que estaremos examinando hoy de manera muy breve establece una conexión entre dos personajess separados por siglos de distancial, pero unidos a través de su papel en el plan del Señor. Se trata de una profecía de Abraham que halló su cumplimiento en Moisés.

La profecía de Abraham sobre la liberación de Israel

La primera parte de esta profecía, su expresión, se da con el profeta Abraham. Recordemos que Dios estableció un convenio especial con este profeta, llamado el Convenio de Abraham. Y Dios no sólo hizo convenio con Abraham, sino que también le enseñó cómo es que había de cumplirse ese convenio. El capítulo de Génesis 15 es uno de los capítulos significativos en cuanto a la formulación del convenio de Abraham. En este capítulo, Dios refrenda las promesas hechas inicialmente en Génesis 12, y enriquece su instrucción con algunos detalles respecto a su plan. Entre estos detalles, comparte lo siguiente con Abraham:

13 Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia será peregrina en tierra ajena, y servirá a los de allí y será por ellos afligida durante cuatrocientos años.
14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Génesis 15:13-14

Esta profecía describe con impresionante exactitud los eventos que se cumplirían hasta varios siglos más tarde. “La tierra ajena”, “la nación a la cual” los hebreos servirían, sería, por supuesto, Egipto. Esta profecía fue comunicada a Abraham cuando Isaac y Jacob ni siquiera habían nacido.

El cumplimiento de la profecía de Abraham en Moisés

Y, por supuesto, si hablamos de la primera parte, la revelación en que fue proferida esta profecía, tenemos que hablar también de la segunda parte, es decir, su cumplimiento. Esteban, el primer mártir del Nuevo Testamento, explicó con estas palabras el papel que jugó Moisés en la liberación de Israel:

32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Mas Moisés, temblando, no osaba mirar.
33 Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa.
34 Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el gemido de ellos y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto.
35 A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a este envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza.

Hechos 7:32-35

La razón por la que Dios se presentó a Moisés como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es una referencia directa al Convenio de Abraham, que fue refrendado con cada uno de estos patriarcas. Y la misión, vemos pues, que correspondió a Moisés dentro del plan de este convenio fue la de ser gobernante y libertador de Israel, por mano del Ser extraordinario que le habló desde la zarza.

En Exodo 12 se hace un recuento que puede servir para evaluar la asombrosa exactitud con que se cumplió la profecía:

40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años.
41 Y pasados los cuatrocientos treinta años, en el mismo día todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto.

Exodo 12:40-41

La diferencia entre la profecía dada a Abraham y el tiempo expresado por Moisés durante su resumen retrospectivo es de apenas solamente treinta años.

Conclusión

De este hecho podemos tomar nota rápida de algunas conclusiones:

  • El Señor enseña su plan a sus profetas con mucha anticipación, incluso la anticipación de siglos. Ciertamente “nada hará el Señor sin antes revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).
  • El Convenio de Abraham no es solamente un hecho aislado en la vida del profeta Abraham. Afecta a la totalidad de las generaciones de la humanidad y su cumplimiento se desarrolla de acuerdo a un plan, detalles del cual le fueron reveladas al patriarca Abraham.
  • La misión de Moisés no fue casual, sino que estaba prevista con mucha anticipación. Moisés fue preordenado para el papel que jugó en la historia de Israel, el pueblo elegido por Dios, y la estadía de Israel fue igualmente prevista por Dios.
  • No debemos esperar una exactitud milimétrica en el cumplimiento de las profecías. Encontramos cifras redondeadas en las escrituras que permiten un corto márgen de diferencia. Sin embargo, eso no debe estorbarnos para contemplar la presciencia del Señor, como se observa de manera maravillosa en las Escrituras.

Una de las características que más emociona al leer las escrituras es contemplar la sabiduría y la presciencia de Dios. Presciencia es una de esas palabras domingueras que no utilizas mucho en tu conversación habitual, pero que cuando conoces su significado valoras mucho. Se trata de esa capacidad que tiene Dios para conocer las cosas por adelantado, incluso con siglos de anticipación. Y esa capacidad divina da origen a la profecía cuando el Señor decide compartir su conocimiento anticipado con la humanidad a través de sus comisionados especiales, los profetas.

La profecía que estaremos examinando hoy de manera muy breve establece una conexión entre dos personajess separados por siglos de distancial, pero unidos a través de su papel en el plan del Señor. Se trata de una profecía de Abraham que halló su cumplimiento en Moisés.

La profecía de Abraham sobre la liberación de Israel

La primera parte de esta profecía, su expresión, se da con el profeta Abraham. Recordemos que Dios estableció un convenio especial con este profeta, llamado el Convenio de Abraham. Y Dios no sólo hizo convenio con Abraham, sino que también le enseñó cómo es que había de cumplirse ese convenio. El capítulo de Génesis 15 es uno de los capítulos significativos en cuanto a la formulación del convenio de Abraham. En este capítulo, Dios refrenda las promesas hechas inicialmente en Génesis 12, y enriquece su instrucción con algunos detalles respecto a su plan. Entre estos detalles, comparte lo siguiente con Abraham:

13 Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia será peregrina en tierra ajena, y servirá a los de allí y será por ellos afligida durante cuatrocientos años.
14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.Génesis 15:13-14

Esta profecía describe con impresionante exactitud los eventos que se cumplirían hasta varios siglos más tarde. “La tierra ajena”, “la nación a la cual” los hebreos servirían, sería, por supuesto, Egipto. Esta profecía fue comunicada a Abraham cuando Isaac y Jacob ni siquiera habían nacido.

El cumplimiento de la profecía de Abraham en Moisés

Y, por supuesto, si hablamos de la primera parte, la revelación en que fue proferida esta profecía, tenemos que hablar también de la segunda parte, es decir, su cumplimiento. Esteban, el primer mártir del Nuevo Testamento, explicó con estas palabras el papel que jugó Moisés en la liberación de Israel:


32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Mas Moisés, temblando, no osaba mirar.
33 Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa.
34 Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el gemido de ellos y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto.
35 A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a este envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza.Hechos 7:32-35

La razón por la que Dios se presentó a Moisés como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es una referencia directa al Convenio de Abraham, que fue refrendado con cada uno de estos patriarcas. Y la misión, vemos pues, que correspondió a Moisés dentro del plan de este convenio fue la de ser gobernante y libertador de Israel, por mano del Ser extraordinario que le habló desde la zarza.

En Exodo 12 se hace un recuento que puede servir para evaluar la asombrosa exactitud con que se cumplió la profecía:

40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años.
41 Y pasados los cuatrocientos treinta años, en el mismo día todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto.Exodo 12:40-41

La diferencia entre la profecía dada a Abraham y el tiempo expresado por Moisés durante su resumen retrospectivo es de apenas solamente treinta años.

Conclusión

De este hecho podemos tomar nota rápida de algunas conclusiones:

  • El Señor enseña su plan a sus profetas con mucha anticipación, incluso la anticipación de siglos. Ciertamente “nada hará el Señor sin antes revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).
  • El Convenio de Abraham no es solamente un hecho aislado en la vida del profeta Abraham. Afecta a la totalidad de las generaciones de la humanidad y su cumplimiento se desarrolla de acuerdo a un plan, detalles del cual le fueron reveladas al patriarca Abraham.
  • La misión de Moisés no fue casual, sino que estaba prevista con mucha anticipación. Moisés fue preordenado para el papel que jugó en la historia de Israel, el pueblo elegido por Dios, y la estadía de Israel fue igualmente prevista por Dios.
  • No debemos esperar una exactitud milimétrica en el cumplimiento de las profecías. Encontramos cifras redondeadas en las escrituras que permiten un corto márgen de diferencia. Sin embargo, eso no debe estorbarnos para contemplar la presciencia del Señor, como se observa de manera maravillosa en las Escrituras.

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