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El libro de Salmos es una colección de poemas y cantos destinados a la adoración a Dios. Puede equipararse en muchas maneras con los modernos himnarios. En este artículo profundizaremos en las características que identifican y distinguen al libro de Salmos de todos los otros libros de las Escrituras. De esta manera podremos apreciar mucho mejor estas características durante su lectura.

El papel revitalizante de los Salmos

Salmos es, definitivamente, el más subjetivo de los libros de la Biblia. Su encanto inmediato se debe a que nos pone en contacto con los sentimientos del autor, con los cuales nos identificamos. Tal como expresa Lawrence O. Richards:

“Todos los libros de la Biblia profundizan en nuestra relación con Dios. Pero los Salmos enriquecen de manera única nuestra experiencia de esa relación” (Lawrence O. Richards, “The Bible reader’s companion).

La lectura del libro de Salmos puede tener diferentes propósitos. Unas veces nos identificamos con los sentimientos de desolación y de bruma que identifican los lamentos iniciales e imploramos a Dios por fortaleza y perdón. Otras veces, nos henchimos de júbilo junto con el autor y alabamos a Dios por su gloria y perfección, contemplando sus obras con reverencia y con admiración. En todas las ocasiones, el libro de Salmos puede ser refrescante y revitalizador para el alma.

Cómo sacar provecho a los encabezados de los salmos

Muchos de los salmos cuentan con un encabezado. Este encabezado puede servirnos para identificar dos cosas que nos interesan en particular durante nuestro estudio: el autor del salmo y la ocasión histórica que lo originó. Por ejemplo, mira cómo el encabezado del salmo 3 contiene ambas informaciones.

“Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo”

Al enterarte de que el salmo fue compuesto por David y representa una porción específica de su vida, puedes establecer las correlaciones necesarias. En este caso, querrás ir a 2 Samuel 15:13-37 y leer todo lo correspondiente a la traición de Absalón. Al hacerlo identificarás el contexto en el que David te habla en el salmo de su propia vida (¡un documento de primera mano!) y te expresa sus sentimientos acerca de esta situación.

Autoría variada de los salmos

Es precisamente por ese encabezado titular que nos enteramos que la mayoría de los salmos fueron compuestos por David, con tanta frecuencia que nos puede llevar a la conclusión equivocada de llamarlos “los salmos de David”. Pero esta conclusión sería injusta, ya que se incluyen también salmos de varios autores, tales como “los hijos de Coré”, “los hijos de Asaf”, Salomón e incluso Moisés. Habría, además, que considerar que hay varios himnos de los que ignoramos el autor (porque omiten esa información). Una percepción más apropiada sería considerar a los salmos como un himnario, cancionero o salterio. Y, tal como nuestro himnario moderno, aquel himnario era una colección con una variedad de autores.

El rol de David en la formación de los salmos es, sin embargo, evidente. David es presentado en 1 Samuel 16 y 17 como el poseedor de talentos que le acompañaron durante todo su liderazgo. Uno de ellos, muy sobresaliente y que le introdujo en la corte, es el talento musical. De manera que no es extraño considerar que David haya realizado esta compilación de piezas musicales destinadas a la adoración durante su época y posteriores. Con muy poco márgen de duda, podemos afirmar que David escribió los salmos que se atribuyen a él en los encabezados.

Ubicación temporal de los salmos

De modo que tenemos aquí una brillante colección de salmos, compilada por primera vez en la época de David y continuada después por otros, con autorías muy diversas. Tenemos salmos tan antiguos como el poema compuesto por Moisés (Salmos 90). Y tenemos otros tan recientes como Salmos 126, cuyos primeros versículos nos hacen notar que corresponde al periodo del retorno de Israel tras del exilio en Babilonia:

1 Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. 2 Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.

¡Y este rango de tiempo cubierto es asombroso, porque desde Moisés hasta el periodo del retorno hay una distancia aproximada de mil años!

Interpolaciones en los salmos

Si bien podemos presumir que la primera compilación fue realizada directamente por David o bajo su dirección, tenemos que ser conscientes de que, a lo largo del tiempo y como cualquier obra editorial, este cancionero fue recibiendo actualizaciones. A veces, se le agregaban nuevos himnos. A veces se revisaban los existentes.

Durante esas actualizaciones, los revisores dejaron toda suerte de anotaciones. Sabemos, por ejemplo, que los salmos 51 y 69, que se escribieron durante la época de David, fueron revisados 400 años más tarde, porque los revisores post-exílicos agregaron notas que sólo tenían sentido en su época (ver Salmos 51:18 y Salmos 69:35).

Debemos, por tanto, considerar al libro de los salmos como un libro de cantos abierto, dinámico y en actualización constante.

Cómo está organizado el libro de salmos

Es difícil entender qué carambas pasaba por la mente de los compiladores de los salmos. Un vistazo superficial basta para dejarnos con la impresión de que los salmos están solamente arrojados allí, sin un orden cronológico o temático aparente. Hay dos pistas, sin embargo, que nos pueden brindar algo de luz sobre el asunto.

Agrupación por “libros”

Primero que nada, los compiladores de los salmos los agruparon en 5 divisiones internas llamadas “libros”. La clasificación que viene en la versión Septuaginta es la siguiente:

Libro ISalmos 1-41
Libro IISalmos 42-72
Libro IIISalmos 73-89
Libro IVSalmos 90-106
Libro VSalmos 107-150

Que esta agrupación es intencional se hace evidente cuando observas que cada “libro” termina con una doxología, es decir, con una frase especial y distintiva, que sirve de cierre para el libro. Esta intencionalidad es el primer indicador de que se pretendía un cierto orden dentro del conjunto de los salmos.

Agrupación por autoría

Otro criterio de agrupación está dado por la autoría de los salmos. Hay pequeños grupos de salmos asociados entre sí por su autoría, tal como el que se encuentra al principio del libro II, donde está el grupo de salmos de los hijos de Coré (Salmos 42-49) y un número de salmos que se atribuyen a Asaf (Salmos 73-83). La mayoría de los salmos de David se encuentran en los primeros dos libros; de hecho, el salmo 72 cierra el segundo libro con estas palabras:

“Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí” (Salmos 72:20).

Esto es un colofón, una nota editorial que normalmente se coloca al final de un libro. Pero esto no quiere decir que esta agrupación por autores sea inmaculada. Existen salmos no-davídicos antes del salmo 72 y salmos davídicos después del salmo 72. Pero hubo, entonces, un momento en que la colección se consideró cerrada con este salmo y se puede observar que se amplió después, con el paso del tiempo.

Otras agrupaciones

Otros criterios de agrupación aparecen de vez en cuando. Los salmos 120-134 están juntos porque todos son “himnos de ascenso”. Aunque todavía no sepamos del todo bien qué es lo que eso significa. Pudieran ser himnos para ser cantados mientras se ascendía al templo o alguna cosa semejante.

De la tristeza a la alegría

Hay también un trayecto que se puede observar en la generalidad de los salmos. Cuando uno comienza a leer salmos, uno se pregunta cómo es que las lamentaciones de muchos de ellos pueden ser consideradas como “cantos de alabanza” (el nombre original de los salmos era tehillim, que tiene ese significado). Pero conforme avanzamos por el libro, las lamentaciones son menos y las alabanzas son más. Al final, el libro explota en alabanzas a Dios. Los últimos siete salmos no sólo alaban a Dios, sino que piden a toda la naturaleza y al mundo entero unirse a esta alabanza.

1 Alabad a Dios en su santuario; Alabadle en la magnificencia de su firmamento. 2 Alabadle por sus proezas; Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza. (Salmos 150:1-2)

Este trayecto, que conduce desde la tristeza a la alegría me hace recordar otro salmo fuera del libro, el llamado “salmo de Nefi”, en el Libro de Mormón, una bella composición poética que tiene esta misma característica. El mensaje de esperanza que nos imprime la totalidad de los salmos queda bien expresado en el salmo 126:

5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. 6 Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas. (Salmos 126:5-6)

El principio del libro de los salmos

Una colección muy pequeña de salmos se puede denominar “salmos de sabiduría”. Son salmos que nos conducen a una profunda reflexión sobre temas importantes. El salmo 1 sirve de apertura a todo el libro de Salmos y ejemplifica este tipo de reflexión lanzándonos directamente un planteamiento sobre el contraste entre el hombre inicuo y el hombre sabio. El desafío para el lector es el de identificarse con uno de ellos, ¿de qué lado estamos? ¿Cuán sinceros estamos siendo cuando adoramos?

En conclusión, aunque no hay un orden aparente en el libro de los Salmos, sí es posible observar que algunos de los salmos fueron puestos a propósito en su posición respectiva, con un objetivo editorial o espiritual bien definido. Esto es mucho más evidente tanto al principio como al final del libro.

El nombre de Dios dentro de los salmos

Además de la doxología que separa cada “libro” dentro del libro de Salmos, se distinguen algunas peculiaridades entre los libros. La más notable tiene que ver con la mención del nombre de Dios dentro de los mismos. Por ejemplo, el libro I se dirige a Dios como Jehová 273 veces y como Elohim sólo 15 veces. Pero esa proporción se invierte totalmente en el libro II. La siguiente tabla te permitirá ver este contraste entre el uso de los nombres de Dios en cada uno de los libros.

LibroJehováElohim
Libro I27315
Libro II74207
Libro III1336
Libros IV y V3397

Bibliografía

  • Lawrence O. Richards, The Bible reader’s companion, ed. electrónica, (Wheaton: Victor Books, 1991), 346.
  • Tremper Longman III, How to Read the Psalms.

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