Lo difícil que es compartir el testimonio y la conversión

Recomendaciones

Hace varios años, mi hijo Jack y yo tuvimos la oportunidad de jugar en la cancha Old Course de St. Andrews, Escocia, donde comenzó el deporte del golf. ¡Fue algo increíble! Al regresar a casa, intenté transmitir a los demás la magnitud de la experiencia, pero no pude. Las fotos, los videos y mis esmeradas descripciones fueron totalmente insuficientes. Al final, comprendí que la única manera de que alguien conozca el esplendor de la cancha de golf de St. Andrews es experimentarla, contemplar las vastas calles, respirar aquel aire, sentir el viento en el rostro y dar unos cuantos golpes fallidos hacia las trampas de arena y los espesos arbustos de tojo, lo cual hicimos con gran eficacia.

Lo mismo ocurre con la palabra de Dios; podemos enseñar la palabra, predicar de ella, explicarla; podemos hablar de ella, describirla, podemos dar testimonio de ella; sin embargo, hasta que la persona no sienta que la sagrada palabra de Dios destila sobre su alma como rocío del cielo por medio del poder del Espíritu, será como mirar una postal o las fotos de las vacaciones de otra persona. Hay que ir allí en persona; La conversión es un viaje personal, un viaje de recogimiento.

Más artículos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos artículos