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Preparar a nuestros hijos para las batallas de la vida

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La hermana Joy D. Jones utilizó el relato de un amigo, sobre una importante lección en la guerra, para resaltar la importancia de preparar a nuestros hijos en el hogar.

Al representarlo y luego analizarlo, en lugar de que los sorprenda un entorno hostil de un grupo de compañeros, los niños pueden armarse con “el escudo de la fe con el cual podr[án] apagar todos los dardos encendidos de los malvados”.

Un amigo cercano aprendió muy pronto esta importante lección cuando tenía dieciocho años. Él se alistó en el ejército estadounidense durante el conflicto entre los Estados Unidos y Vietnam. Fue asignado a un entrenamiento básico en infantería para convertirse en soldado raso. Él explicó que el entrenamiento era agotador; describió a su oficial instructor como cruel e inhumano.

Un día en particular, su escuadrón se vistió con el uniforme completo de batalla y salió a caminar en un calor sofocante. De repente, el oficial instructor gritó la orden de lanzarse a tierra y no moverse. El instructor estaba pendiente del más leve movimiento. Cualquier movimiento ocasionaría consecuencias graves más adelante. El escuadrón sufrió durante más de dos horas en aquel calor, sintiendo cada vez más enojo y resentimiento hacia su líder.

Muchos meses después, nuestro amigo estaba guiando a su escuadrón a través de la jungla de Vietnam. Era una situación real, no un entrenamiento. Empezaron a sonar los disparos desde lo alto de los árboles que los rodeaban. De inmediato, todo el pelotón se lanzó a tierra.

¿Qué buscaba el enemigo? Movimiento. Cualquier mínimo movimiento los haría disparar. Mi amigo dijo que mientras yacía en tierra en la jungla, sudoroso e inmóvil, esperando durante varias horas a que oscureciera, pensó en su entrenamiento básico. Recordó la gran antipatía que sintió por su oficial instructor, pero en ese momento sintió una intensa gratitud: por lo que le había enseñado y por cómo lo había preparado para aquella situación crítica. El oficial instructor, sabiamente, había preparado a nuestro amigo y a su escuadrón con la capacidad de saber qué hacer en el fragor de la batalla. En efecto, había salvado la vida de nuestro amigo.

¿Cómo podemos hacer lo mismo espiritualmente por nuestros hijos? Mucho antes de entrar en el campo de batalla de la vida, ¿cómo podemos esforzarnos más cabalmente por enseñarles, fortalecerlos y prepararlos?15. ¿Cómo podemos invitarlos a “adentrarse”? ¿No es mejor que los hagamos “sudar” en el entorno seguro de aprendizaje del hogar a que sangren en los campos de batalla de la vida?


Fuente

Esta es una ilustración  tomada de 

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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