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Pila bautismal del templo de Ogden
El presidente Henry B. Eyring relató una conmovedora experiencia que tuvo con su hija al llevarla a la pila bautismal del templo.

Hace años fui con una de mis hijas a un templo a última hora de la tarde. Ella fue la última en servir como representante en el bautisterio. Le preguntaron si podía quedarse más tiempo para completar las ordenanzas de todas las personas cuyos nombres se habían preparado, y dijo que sí.

Observé a mi pequeña hija mientras entraba en la pila bautismal y comenzaron los bautismos. A mi pequeña le corría el agua por el rostro cada vez que la sacaban del agua. Le preguntaban una y otra vez: “¿Puedes hacer más?”, y ella cada vez decía que sí.

Como padre preocupado, comencé a abrigar la esperanza de que la excusaran de hacer más bautismos; pero aún recuerdo su firmeza cuando le preguntaban si podía hacer más y ella decía con una vocecita decidida: “Sí”. Se quedó hasta que la última persona de la lista de ese día recibió la bendición del bautismo en el nombre de Jesucristo.

Esa noche cuando ella y yo salimos del templo, me maravillé de lo que había visto. Una niña había sido elevada y transformada ante mis ojos al servir al Señor en Su casa. Todavía recuerdo el sentimiento de luz y paz mientras nos alejábamos del templo.

Han pasado los años y ella sigue diciendo que sí a la pregunta del Señor de si hará más por Él cuando es muy difícil. Eso es lo que puede hacer el servicio en el templo para transformarnos y elevarnos. Por eso mi esperanza para ustedes y para toda su querida familia es que desarrollen en ustedes el deseo y la determinación de ser dignos de ir a la Casa del Señor tan a menudo como las circunstancias lo permitan.

Fuente

Esta es una ilustración  tomada de 

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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