Vivan de tal manera que puedan dejar todo con facilidad

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Tuve el mismo sentimiento cuando me casé en el Templo de Logan, Utah. El presidente Spencer W. Kimball efectuó el sellamiento. En las pocas palabras que pronunció, dio este consejo: “Hal y Kathy, vivan de manera tal que, cuando llegue el llamado, puedan dejar todo con facilidad”.

Mientras decía esas pocas palabras, vi con claridad en mi mente, a todo color, una colina empinada y un camino que conducía a la cima. Una cerca blanca se extendía por el lado izquierdo de la carretera y desaparecía en una hilera de árboles en la cima de la colina, entre los cuales apenas se divisaba una casa blanca.

Un año después reconocí esa colina cuando mi suegro nos condujo por aquella carretera. Era, en cada detalle, lo que vi cuando el presidente Kimball nos dio su consejo en el templo.

Cuando llegamos a la cima de la colina, mi suegro se detuvo junto a la casa blanca. Nos dijo que él y su esposa iban a comprar la propiedad y que querían que su hija y yo viviéramos en la casa de huéspedes; ellos vivirían en la casa principal, a solo unos metros de distancia. Así que, durante los diez años que vivimos en ese encantador entorno familiar, mi esposa y yo decíamos casi todos los días: “Será mejor que disfrutemos de esto porque no vamos a estar aquí por mucho tiempo”.

Recibimos una llamada de Neal A. Maxwell, Comisionado de Educación de la Iglesia. La advertencia que nos había dado el presidente Kimball de poder “dejar todo con facilidad” se convirtió en una realidad. Fue un llamado a dejar lo que parecía una situación familiar idílica para servir en una asignación en un lugar del que no sabía nada. Nuestra familia estuvo lista para abandonar esa época y ese lugar benditos porque un profeta, en un santo templo, un lugar de revelación, vio un acontecimiento futuro para el cual estuvimos preparados.

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